78. LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI

LUCHA ETERNA DE HOMBRE Y MUJERES, Y EL JUEGO DE SUS RESPECTIVOS PODERES España. 2013. 109 min. Director: Álex de la Iglesia Guión: Jorge Guerricaechevarría, Álex de la Iglesia. Con Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, Terele Pávez, Pepón Nieto, Carolina Bang, Santiago Segura, Secun de la Rosa, Javier Botet, Enrique Villén, Jaime Ordóñez, Carlos Areces, Gabriel Delgado , Macarena Gómez, María Barranco,

JOSÉ Y TONY están desocupados y con con la esperanza de solucionar sus problemas económicos deciden asaltar un establecimiento de 'COMPRO ORO simulando ser estatuas vivientes en una concurrida plaza de Madrid. .Para huir secuestran el auto y un taxista (para huir a Francia. Con ellos va el pequeño hijo de José que participa del asalto y de la peligrosa huida esquivando autor y balas. No le faltan complicaciones todo el camino, del participa también un pasajero cuyo único objetivo es llagar a su destino. La ex mujer de José y madre del niño los trata de alcanzar y también los persiguen los policías Pacheco y Calvo. En el límite con FRANCIA, deben pasar por ZUGARRAMURDI, una población de BRUJAS, y alí comenzará otra película porque un grupo de brujas vascas secuestra a los tres hombres (y a todos los que llegan) al tiempo que arman una gran aquelarre en donde una multitud de mujeres deben devorar a todo los hombres que encuentran. Mientras la primera parte tiene el movimiento propio de una película de acción, la segunda cruza el terror con el grotesco para proponer un final muy delirante.

Pero el TITULO no es arbitrario ni neutral, ya que refiere un AUTO DE FE por la intervención del tribunal de la INQUISICION en el siglo XVII (1608 – 1610). La población tenía unos 200 habitantes dedicados a la agricultura y a la ganadería, junto con uno monasterio con otras 100 personas. A partir de la denuncia una vecina que regresó al lugar se inició una búsqueda y caza de brujas que llevó a intervención al SANTO OFICIO y la INQUISICION, que después de un largo proceso los condenó a la ejecución en plaza pública frente a una multitud de espectadores. Debido a la dureza de las penas que se aplicaron, el de las BRUJAS DE ZUGARRAMURDI se convirtió en el proceso más grave de la Inquisición española contra la brujería.

A finales de 1608 volvió a ZUGARRAMURDI para trabajar de criada una mujer de veinte años que había emigrado con sus padres a una localidad costera. Allí oyó historias de brujas y se hizo una de ellas durante dieciocho meses. En ZUGARRAMURDI empezó a contar sus experiencias y en una ocasión dijo que había visto en uno de los aquelarres a MARÍA DE JURETEGUÍA, vecina del pueblo: la delatora consiguió convencer a la gente de que era cierto lo que afirmaba y hasta el marido y la familia de la presunta bruja le creyeron, lo que hizo que MARÍA DE JURETEGUÍA se derrumbara y confesara ser bruja desde niña y que su tía era quien le había enseñado. Después, sintiéndose perseguida por las brujas que querían que volviera a los aquelarres, dio más nombres de brujos y de brujas y sus casas fueron allanadas en busca de sapos, compañeros y protectores de las brujas.

Finalmente todos ellos, siete mujeres y tres hombres, acabaron haciendo una confesión pública en la iglesia parroquial. Sin embargo, tras arrepentirse los vecinos los perdonaron. Pero lo sucedido llegó a oídos del tribunal de la INQUISICION que envió en los primeros días de enero de 1609 a un comisario de la Inquisición para que informara. El 12 de enero llegó a Logroño el escrito del comisario y los dos inquisidores del tribunal, que creían en la realidad de la brujería, ordenaron la detención de cuatro de las brujas que habían confesado. Fueron encarceladas en la prisión secreta de la Inquisición de Logroño y contando con un intérprete las sometieron a un duro interrogatorio hasta que las cuatro confesaron que eran brujas. Enviado el informe, la contestación llegó el 11 de marzo y en ella la Suprema, siguiendo la política de rigor a la hora de determinar la veracidad de los fenómenos de brujería que había aplicado hasta entonces, ordenó a los inquisidores que se cercioraran de que lo decían las brujas era verdad, para lo que les enviaron un minucioso y detallado cuestionario de catorce preguntas. Pero la creencia de los dos inquisidores en la realidad de los hechos que les habían contado era tan grande que no hicieron caso a la información que les había dado el carcelero inquisitorial que había oído a las cuatro mujeres decir que se habían declarado brujas, aunque no lo eran, porque creían que así podrían salir antes de la prisión y volver a sus casas.

Los dos inquisidores no hicieron caso de las instrucciones recibidas de la Suprema y pensaron que la proclamación de inocencia de los acusados era un truco de sus parientes o del demonio que quería librarles del castigo. Tras cinco meses de hábiles y reiterados interrogatorios fueron consiguiendo que los encausados confesaran, por lo que desde la perspectiva de los crédulos inquisidores habían vencido al diablo que los tenía aterrorizados para que no hablaran. Los auto- inculpados también delataron a otros brujos y brujas que quedaban en las montañas y proporcionaron listas de niños y de niñas de menos de catorce años que participaban en los aquelarres. En junio de 1610 los inquisidores del tribunal de Logroño acordaron la sentencia de culpabilidad de veintinueve de los acusados.

El domingo 7 de noviembre de 1610 se había congregado en LOGROÑO "gran multitud de gente" venida también de Francia para asistir al AUTO DE FE —se calcula que asistieron treinta mil personas—. Se inició con una procesión encabezada por el pendón del SANTO OFICIO al que seguían mil familiares, comisarios y notarios de la Inquisición —que lucían pendientes de oro y cruces en el pecho— y varios cientos de miembros de las órdenes religiosas. A continuación iba la Santa Cruz verde, insignia de la Inquisición, que fue plantada en lo más alto de un gran cadalso.

Aparecieron después veintiún penitentes con un cirio en la mano —y seis de ellos con una soga en la garganta para indicar que habían de ser azotados— y veintiuna personas con sambenitos y grandes capirotes con aspas, velas y sogas, lo que indicaba que eran reconciliados. A continuación salieron cinco personas portando estatuas de difuntos con sambenitos de relajados, acompañadas de cinco ataúdes que contenían sus huesos desenterrados —se trataba de dos mujeres y dos hombres que se habían negado a reconocer que eran brujas y brujos, y de otra que sí lo había hecho pero que sería quemada por ser una de las instigadoras de la secta-. Seguidamente, aparecieron cuatro mujeres y dos hombres, también con los sambenitos de relajados, que iban a ser entregados al brazo secular para que fueran quemados vivos porque se habían negado a admitir que eran brujas y brujos. Cerraban el cortejo, cuatro secretarios de la Inquisición a caballo acompañados de un burro que portaba un cofre guarnecido de terciopelo que guardaba las sentencias, y los tres inquisidores del tribunal de Logroño, también a caballo.

Una vez aposentados en el cadalso los acusados y enfrente los inquisidores, con el estado eclesiástico a su derecha y las autoridades civiles a su izquierda, un inquisidor dominico predicó el sermón y a continuación comenzó la lectura de las sentencias por los secretarios inquisitoriales. La lectura duró tanto que el auto de fe tuvo que alargarse al lunes 8 de noviembre.
Dieciocho personas fueron reconciliadas porque confesaron sus culpas y apelaron a la misericordia del tribunal. Las seis que se resistieron fueron quemadas vivas. Cinco más fueron quemadas en efigie porque que ya habían muerto.

Debido a la dureza de las penas que se aplicaron, el de las brujas de Zugarramurdi se convirtió en el proceso más grave de la Inquisición española contra la brujería.