056. MAPAS, GPS Y TERRITORIOS, ¿DONDE ESTA LA REALIDAD?

“...En aquel imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al Estudio de la Cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del Mapa, habitadas por animales y mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas” BORGES Jorge Luis .

01. Es conocido el uso que – en los últimos tiempos – se ha hecho y se hace de la co-relación entre mapa y territorio. La afirmación o la presuposición, "el mapa no es el territorio", una de las concepciones teóricas más importantes en la construcción de la realidad subjetiva. Cada uno de nosotros posee un trozo de información (mapa) de una realidad que llamaremos territorio. Sin embargo, este mapa (el mío) se acerca bastante a la realidad (la que yo creo que es), pues nos sirve para construir nuestra vida. Alfred Korzybski, fue un ingeniero nacido en Varsovia en 1879, que en su libro Ciencia y Sanidad, fue el primero en utilizar el concepto de neurolingüística y explayarse acerca del mapa y el territorio. En su planteamiento, el lenguaje es un mapa del mundo que nos rodea, o sea, es un mapa de las percepciones sensoriales, las cuales ya son un primer mapa del territorio. Cuando el hombre es capaz de ponerle nombre a lo que lo rodea, pasa a conformar estructuras mentales que le permiten crear las dimensiones del tiempo y trasladarse en cada una de ellas, crear mundos paralelos, confundir sueño y realidad, confundir mapa y territorio.

02. EL TEXTO DE BORGES despierta una serie de analogías con respecto a las actividades educativas. En cualquier marco institucional y en todos los niveles. Las clases, las lecciones, la enseñanza, los alumnos, las situaciones de aprendizaje, los exámenes, las acreditaciones… son nuestro territorio. Allí se juegan los verdaderos partidos, allí está la realidad. Nada podemos hacer solamente con los mapas o con los planos. A veces, la cartografía – perfecta, puntillosa, delicada – no nos revela el territorio. Debemos preguntar, tratar de ubicarnos, desandar la ruta, preguntar por las calles. Es lo que nos sucede frecuentemente cuando avanzamos por una geografía desconocida o una ciudad que descubrimos. Bajarnos, preguntar, desandar caminos, corroborar datos. Una parada en el camino para reaprovisionarnos de combustible, controlar el vehículo, reparar fuerzas, comprobar qué es lo que hemos recorrido y cuántos nos falta, volver a preguntar, reiniciar el camino. Hay quienes saben guiarnos, otros dudan y otros terminan por desorientarnos. A veces perdemos tiempo para ganarlo luego. Necesitamos buenos mapas, mapas confiables.

03. NUESTRA PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD - del territorio - no es la realidad, sino una representación - un mapa - de ella. ¡Cuántas semejanzas podemos establecer con nuestra responsabilidad como profesores en la organización de nuestras clases y en el recorrido específico de cada año académico! El mapa es siempre una representación mental o gráfica de la realidad. Lo que percibimos, siempre estará primariamente filtrado por nuestra selección u omisión, generalización o distorsión, de los detalles percibidos. Ninguna persona está más preparada que las otras para decir qué es la realidad, ningún modelo o teoría del mundo es más verdadero que los otros, por la simple razón que todos son falsos o todos son verdaderos para quien los sustenta. Si una persona obtiene un modelo del mundo, que le es satisfactorio le servirá, para obtener lo que en su vida es importante. Para su bien o su mal. Porque tendrá mas opciones y alternativas en uno u otro sentido. Un mapa no es el territorio porque los mapas son instrumentos, son representativos de algún territorio y se utilizan para hacer distinciones en el territorio. El mapa ideal sería el que se identifica con el mismo territorio: sólo es posible en las asombrosas ficciones de Borges.

04. Pero a veces hay excesos de mapas, demasiados mapas. Los cartógrafos de la educación se empecinan en acrecentar mapas, temiendo que los viajeros – profesores y docentes - no sepan orientarte o moverse. Multiplican las orientaciones, las referencias, las indicaciones. Son tantas que ya no sabemos cómo leer el mapa o qué mapa elegir. Cada uno de los cartógrafos inventa sus referencias y sus códigos: es problemático guiarse con sus productos. Y el territorio sigue allí, esperándonos. A veces nos cansamos de los mapas y, como generaciones menos adictas a la cartografía terminamos por eliminarnos creyendo que solamente se trata de ser expertos en territorios. Creemos que una vez que hemos llegado a un territorio, los conocemos a todos. Y tal vez no sea así: ni exceso de mapas, ni la absoluta negación de todos ellos. ¿Conviene planificar nuestras actividades docentes? ¿Hasta qué punto podemos permanecer fieles a los proyectos que formulamos? ¿Qué valor tienen los mapas que otros nos facilitan o recomiendan? ¿Cuál es el mapa que debemos elegir? ¿Se puede circular sin mapas por los territorios de las clases, improvisando con creatividad y conocimientos lo que en cada caso debemos hacer?

05. En el amplio campo de la educación también tenemos MAPAS Y TERRITORIOS: los primeros son las versiones sobre lo real, las construcciones teóricas o política sobre lo que pasa o sobre lo que nos pasa. Cuando los ministros o los funcionarios redactan informes y documentos, o los teóricos nos presentan sus ideas, no hacen más que construir nuevos mapas, no nos están exhibiendo la realidad, sino mostrando versiones de ellas. El territorio permanece inalterable, intangible, ajeno a todo lo que se digan sobre él. A menos que adhiramos al más exagerados realismo gnoseológico y ontológico, las palabras no son las cosas. Apenas si las reflejan.

06. ¿Cuántos mapas nos han presentado a lo largo del tiempo en que trabajamos en el sistema? ¿Cuánta cartografía se ha ido desgranando en nuestras lecturas, en las capacitaciones o en nuestras variadas formas de perfeccionamiento? Nosotros, habitantes del territorio, muchas veces observamos asombrados las construcciones cartográficas ajenas a lo que vivimos. Hablan de un río (y nuestro territorio es un desierto), silencian una montaña (y vivimos junto a la cordillera) o recomiendan un microclima (y el nuestro tiene temperaturas extremas). El problema es que los mapas sirven para reconocer el territorio, para interpretar las señales, para recorrerlo, para advertir los riesgos y los peligros, para disfrutar del paisaje, para imaginar alguna transformación del lugar, pero suponen y exigen el conocimiento previo y constante de la geografía. Nada pueden decirnos de recientes inundaciones, el deterioro de la ruta, los desvíos impuestos por las permisionarias de los peajes, los accidentes, la neblina de ciertas mañanas, los cortes impuestos por sectores que reclaman por sus derechos. Frío, el papel sólo marca la geografía relevada, lo que alguna vez fue registrado y traducido en colores, líneas, puntos y señales.

07. Esa es nuestra experiencia cada vez que – guiados por un mapa o una hoja de ruta – nos atrevemos a recorrer territorios desconocidos. Muchas veces debemos detener el vehículo y contrastar la información del mapa con la palabra y la experiencia de los habitantes del territorio. Tal vez éstos no tengan la perspectiva necesaria y les falte la visión del conjunto, pero nadie les puede discutir el dominio de la realidad. Probablemente este sistema - desde hace muchos años y envuelto en una crisis progresiva - esté sumando demasiados mapas, muchos cartógrafos, hermeneutas desmedidos, publicaciones innecesarias…sin reparar en la necesidad de proveerse de mas voces (plurales, disonantes, antagónicas) de los habitantes del territorio, baqueanos del lugar que saben manejarse con las líneas que la experiencia ha trazado en su mente.

08. La preparación de los futuros profesionales – en cualquiera de sus manifestaciones en el nivel superior - también tiene mapas y territorios. Los alumnos que concurren a formarse deben recibir sistemáticamente los mapas necesarios para interpretar, recorrer, conocer la realidad. Todo el andamiaje teórico que utilizamos en nuestras clases responde a ese objetivo. Todo recorrido teórico en torno a una realidad es siempre un mapa con respecto a un territorio. Mapa, porque encontramos esbozado y dibujado en un lenguaje comprensible para todos, el itinerario y la estructura de la realidad, pero sabemos que no se trata de la misma realidad. Tales mapas son más efectivos cuanto más actualizados, mas contrastado con el territorio estén. No se trata – en un primer momento por lo menos – de hacer un rompecabezas de la cartografía o de jugar con mapas desconocidos a la búsqueda de algún territorio. Un futuro docente es también un buen cartógrafo, un buen intérprete, un buen lector. Pero no es sólo eso.

09. De allí que las instituciones deban trabajar también con el territorio, atreverse a recorrerlo para rectificar los mapas, para certificar la vigencia de la cartografía. Los mapas sin territorios son discursos vacíos, innecesarios, formales; los territorios sin mapas son recorridos ciegos, errantes, peligrosos. La riqueza de un Instituto Formador depende del justo equilibrio entre ambos, y nosotros – como en la Alegoría de la Caverna de Platón – deberíamos ser expertos también en su articulación. De nosotros depende saber cuánto de nuestras cátedras tienen de mapa y cuánto de territorio… y – asociados en un proyecto común, en cada una de las carreras y en la institución en general – construir la justa medida entre el uso de los mapas y el reconocimiento del territorio. Porque nuestros egresados o los profesores novatos no deberían ser destacados cartógrafos, sino peritos versados en territorio.

10. De esta manera, la educación real, la que se respira, se vive, se disfruta y se padece en las Instituciones se alimentará siempre de ambas vertientes: mapas y territorios. A veces nos dedicaremos a revisar y reconstruir la cartografía; otras, a recorrer serenamente el territorio; y en ocasiones a articular dialécticamente ambos mundos. Cuando nos esmeramos en redactar los mapas, multiplicar las versiones, convertirlas en prolijos y burocráticos documentos institucionales estamos cumpliendo solamente con una parte de nuestro compromiso educativo. Aunque sea cierto también que el territorio se nos puede convertir en desconocido o en ingobernable, y requerimos la presencia de cartógrafos expertos que nos ayuden a abrir los ojos, agudizar los oídos, movilizar la inteligencia o despertar el corazón.

11. La tarea de quienes supervisan o dirigen no debería concentrarse en la multiplicación parasitaria de los mapas y de la cartografía, sino – sobre todo – en el reconocimiento de los territorios. Porque en suma, las instituciones educativas y cada uno de los docentes tienen alumnos, educandos, seres en crecimiento, familias asociadas, porciones de sociedad: cada uno de ellos y todos en general no son solamente un punto en el mapa, una minúscula mancha, una referencia… son el territorio, nuestro territorio, aquello que profesionalmente constituye nuestra ocupación principal.

12. En el tema de LOS MAPAS Y LOS TERRITORIOS aparece el perfil de LOS EXPERTOS Y LOS NOVATOS. Los expertos son los que mas conocimiento tienen del territorio (con una vasta experiencia del mismo y un variado recorrido de su geografía), pero también son (o deberían ser) los que conocen numerosos mapas, han efectuado una crítica racional y fundada sobre muchos de ellos y hasta han podido producir su propia cartografía. Los novatos, en cambio, vienen con un bagaje muy significativo de mapas, planos, productos cartográficos. Creen que lo que saben sobre el territorio es tan importante como el territorio mismo. Rápidamente descubren que la geografía real del aula, de los alumnos, del ritmo de las clases, de la enseñanza y de los aprendizajes, exhibe muchas más riquezas, riesgos, paisajes, cruces peligrosos o carreteras deterioradas que los que figuran en los numerosos mapas que acumula en su portafolio y en sus títulos. La articulación y el trabajo complementario entre el experto y el novato pueden representar una verdadera riqueza para los alumnos y para las instituciones. Ni el experto lo sabe todo (como para creer que ya no necesita mapas o que ya nada se puede decir sobre los territorios), ni el novato es alguien desprovisto de cualquier conocimiento riguroso de la realidad. Un buen sistema, sabe utilizar las riquezas de los dos.

13. Necesitamos RECUPERAR EL TERRITORIO, re-descubrir la realidad, relativizar los mapas. Los verdaderos educadores se deben transformar en cartógrafos de su propio territorio, construyendo mapas dinámicos, cambiantes, que tienen la particular condiciones de poder re-configurarse permanentemente, al calor de las realidades que nos regala día a día, kilómetro a kilómetro el territorio. Crecer con la convicción de que los mapas son necesarios siempre que sean tomado como instrumentos provisorios: no representan una receta mágica y de valor absoluto, y su funcionamiento no es definitivo. El territorio de la educación tiene una particularidad que – en general – no tienen los territorios de nuestra geografía: muta, sufre metaformosis, se arma y se desarmar, cambia de apariencia, desorienta al navegante. Pero ese juego dialéctico entre la realidad y la construcción es el verdadero nombre de la educación. No sería bueno que pasaran los años y que en el territorio de la educación – convertido en desierto - sólo quedaran mapas como ruinas despedazadas e inservibles, habitadas por excluidos y bárbaros… y en todo el país no hubiera ya ni restos de las disciplinas cartográficas.

14. Sobre la importancia de la CO-RELACIÓN DE MAPAS Y TERRITORIOS, y sobre la particular relación que se establece entre ambos, CLAXTON (1987:35) aporta observaciones valiosas.

“La gente no soporta mucho la realidad porque es compleja e inescrutable y nos recuerdan constantemente cuán inadecuadas son nuestras teorías sobre ella. La mente no se equivoca de vez en cuando: si estamos atentos, nos daremos cuenta de que lo hace constantemente. Por lo tanto, el aprendizaje, la inseguridad y la incompetencia nos acompañan continuamente, desde el nacimiento hasta la muerte. (… )

Como los seres humanos no quieren equivocarse constantemente han encontrado el modo de evitarlo, sustituyendo su teoría por la realidad. En vez de utilizar el mapa como una guía por el campo, se supone que el mapa tiene razón, simplemente porque es así, y si existe alguna discrepancia entre éste y la disposición del terreno, no se le presta atención o se justifica: no tenemos que revisar nuestros conceptos, el fallo está en la realidad. Cuando la gente pierde de vista la naturaleza y función de su teoría personal, comienza a confundirla con el mundo, del que es sólo una representación deformada.(…) En todos estos casos – cuando se producen fallas – la culpa siempre está en la realidad y nunca en los mapas o teorías.

Esta tendencia a vivir en el mapa y no en el mundo… y a utilizar el mapa para desplazarse es la clave fundamental para comprender la forma en que la gente aprende o lo hace. (…) Dice Herman Hesse (Mi credo,1980): “Cada uno de nosotros pinta o falsea, todos los días y todas las horas, la selva virgen de los misterios como un bonito jardín o como un mapa plano y detallado (el moralista con ayuda de sus máxima, el religiosa con la ayuda de su fe, el ingeniero con la ayuda de sus cálculos, el pintor con la ayuda de sus paletas) y cada uno vive satisfecho y tranquilo en su mundo ilusorio y en su mapa, hasta que la rotura de dique o alguna tremenda revelación provoca la irrupción de la realidad, de lo inaudito, de la belleza o la falsedad sobrecogedora y se siente irremediablemente y moralmente atrapado”.

El lenguaje, por su parte, es el mapa del mapa: nuestras teorías recogen y acentúan las diferencias con la realidad y crean diversas formas de relación, pero el lenguaje tiene que crear convenciones y símbolos que son arbitrarios y completamente distintos de sus referentes. Sería poco realista que se pretenda atrapar la evanescencia líquida de nuestra experiencia en una red de palabras por muy fina que fuera. (CLAXTON, 1987: 87)

Muchas veces los mapas dejan de servirnos: nos remiten a territorios que han cambiado o han sido construido sin atender a los últimos avances de la cartografía. Pero todo cambio de mapas entraña un riesgo: “Al enfrentarnos con una situación de aprendizaje importante, no podemos negar la lucha que se establece entre el intento de aferrarse a la teoría (mapa) que ha demostrado que ya no sirve por su falta de adecuación y el miedo a sumergirnos en lo desconocido. Para que nuestra competencia (el valor que tengo por el éxito en lo que hago) pueda aumentar tenemos que mudar la piel conocida pero opresiva, al igual que las serpientes, y afrontar los riesgos que suponen la desnudez y la vulnerabilidad transitorias. Para hacerlo se requiere no tanto valor como conocimiento profundo de que si se afronta el riesgo, se puede perder la vida, ser herido o perder la partida… y de que si no se hace lo hace, se pierde seguro porque se elige seguir encerrado en una piel que se va volviendo progresivamente más estrecha e incómoda. De esto se deduce que sólo arriesgándose a fracasar, en el sentido de no obtener lo que se espera y de aceptar que la teoría no es adecuada, se puede llegar a aprender.

El aprender se produce cuando se afronta el riesgo de no ser competente, de no ser coherente (seguir siendo lo que creo ser), de perder el control de la situación (explicar y predecir el mundo), de no sentirme cómodo (= sin ansiedad, inquietud, culpabilidad). Por eso es natural y evidente que siempre hay una resistencia a nuevos aprendizajes que provisoriamente me dejen incompetente, incoherente, sin control e incómodo… Entonces o me bloqueo y me paralizo en un lugar y momento de mi vida profesional, personal o académica, o me arriesgo y produzco un verdadero salto cualitativo (con la ventaja de que acostumbrado al aprendizaje, estaré abierto siempre a nuestros desafíos) (CLAXTON, 1987: 15)

15. El juego curioso entre mapas y territorios aparece en la película DOGVILLE. DOGVILLE (2003) es una película que juega con el cruce los mapas (planos, en realidad) y territorios… porque los personajes, la historia y la mirada constructora del espectador trabajan al mismo tiempo en un mapa-plano que es la realidad. Precisamente por eso desorienta, porque uno espera encontrarse con el territorio (las construcciones fílmicas) y se encuentra con los personajes deambulando por los mapas trazados en el escenario, mucho más que en un escenario porque los personajes se mueven en el mapa-plano como si existieran.

16. Con DOGVILLE, el pueblo del perro, perro cuya imagen real, cuyos desgarrados ladridos sólo se conjuran en el desenlace postrero del filme, Lars Von Trier fortalece su pasado como seguir de dogma. El contenido de Dogville se estructura a través de un prólogo y nueve capítulos, es decir a través de fragmentos articulados de tal forma que al espectador se le previene sobre el artificio del relato. Con este proceder Dogville subraya su vocación fabuladora. Porque de eso se trata, de forjar un cuento terrible, cruel e ingenuo pero, y sobre todo, moral y corrosivo en el que se retrata el lado oscuro y turbio del ser humano.Si tantas veces se ha dicho que la mayor parte de la película es una construcción mental del espectador en la que este tiende sus propios puentes sobre los fragmentos de algo que se le ofrece sobre la pantalla, por qué no, parece sugerir el director, dejar que el espectador construya también el espacio como lo hace ante una obra de teatro o un cuento. En Dogville construimos el pueblo con los fragmentos que nos sugiere la película: rayas y nombres pintados en el suelo, puertas invisibles, paredes transparentes.

17. DOGVILLE es una manual de instrucciones para espectadores que quieren imaginar una película que se llama Dogville; por lo que habría que tomar en serio a Sontag cuando nos avisa que en verdad, no habría que subestimar el papel estéticamente positivo que desempeña en el cine la desorientación. Lo interesante de Dogville es que, a pesar de la violencia visual de su escenario logra crear la magia del cine teniendo en cuenta aquello que notaba Sontag de que las aptitudes del teatro para manipular el espacio y el tiempo son simplemente mucho más toscas y trabajosas que las del cine. Von Trier pone en el cine la tosquedad y laboriosidad del teatro para señalar lo que normalmente queda oculto en el cine: que esa realidad siempre es una construcción común entre el espectador y la obra. Secuencias como la de la nieve cayendo sobre el farol rescatan por un momento la fantasía y la imaginación para el cine en favor de imágenes bellas y simples que se demuestran a si mismas como producto de una elaboración y no de alguna suerte de coincidencia meteorológico-estética.

18. Doblar esquinas sin paredes, escuchar el ladrido de un perro dibujado en el suelo o cobijarse en la intimidad de hogares cuyos techos y paredes son igualmente figurados, pues existen únicamente en la conciencia de los personajes, pero no son decorados corpóreos visibles para el espectador, puede parecer una barrera infranqueable para que una ficción fílmica pueda alcanzar una fluida comunicación con la audiencia. Pero esto efectivamente sucede en el transcurso de Dogville, insólita y fulgurante propuesta que supone, por ahora, el último peldaño subido por Lars Von Trier dentro de su particular indagación en las potencialidades del lenguaje y de la representación cinematográfica. Una concepción escenográfica ciertamente radical, que establece una deliberada relación dialéctica y de contraste con la interpretación realista exigida a los actores con objeto de inyectar en la acción esa intensidad acumulativa, ese espesor melodramático que permite no descarnar por completo la representación , pero sí filtrarla a través de diferentes mecanismos de distanciación. Porque no se trata sólo de esa peculiar opción que transgrede con audacia los parámetros naturalistas de la puesta en escena. Entre medias se interpone también una voz en off que comenta en tercera persona (con una deliberada y hermosa retórica literaria) la atmósfera y ciertos sucesos de la historia, unos diálogos casi susurrados (que duplican el filtro y que rebajan la expresión oral de las conversaciones) y, finalmente, la música clásica que puntea el relato -dividido en un prólogo y nueve capítulos- en varios pasajes de la narración. Factores que enfrían y distancian, en definitiva, una fábula despiadada.

19. Y por su parte ERICH FROMM (1986: 100, 135) amplía el desarrollo precedente:

“Nuestras motivaciones, ideas y creencias conscientes son una mezcla de información falsa, prejuicios, pasiones irracionales y racionalizaciones, en que fragmentos de la verdad flotan y ofrecen la seguridad, aunque falsa, de que toda la mezcla es genuina y verdadera. El proceso del pensamiento intenta organizar este cultivo de ilusiones de acuerdo con las leyes de la lógica y la credibilidad. Se supone que este nivel de conciencia refleja la realidad: es el mapa que usamos para organizar nuestra vida. Este “mapa falso” no está reprimido; lo que está reprimido es el conocimiento de la realidad, el conocimiento de la verdad. (...)

“Carente de los datos propios del instinto animal, la especie humana puede definirse como un primate que surgió en un punto de la evolución en que la determinación por los instintos ha llegado al mínimo y el desarrollo del cerebro al máximo. Carente de capacidad de actuar por órdenes de los instintos, la especie humana, si bien tiene capacidad de tener conciencia de sí misma, razón e imaginación, necesita un marco de orientación y un objeto de devoción.

Sin un mapa del mundo natural y social (es decir, una descripción del mundo y del lugar que el individuo ocupa en éste, mundo estructurado y con cohesión interna), los seres humanos se sentirían confusos, y no podrían actuar con finalidad y con coherencia, porque no podrían orientarse, ni encontrar un punto fijo que les permitiera organizar las impresiones que experimenta todo individuo. El mundo tiene sentido para nosotros y nos sentimos seguros con nuestras ideas, por el consenso de los que nos rodean. Aun si el mapa está mal hecho, cumple con la función psicológica; pero el mapa nunca ha estado enteramente mal hecho, ni ha sido enteramente correcto. Siempre ha sido una aproximación a la explicación de los fenómenos que sirve para vivir. Sólo en la medida en que la práctica de la vida se vea libre de sus contradicciones y de su irracionalidad, el mapa podrá corresponder a la realidad.

El hecho impresionante es que no se ha descubierto ninguna cultura en que no existe este marco de orientación; tampoco ningún individuo. A menudo los individuos pueden negar que tengan un panorama total y creer que responden a los varios fenómenos e incidentes de la vida según el caso y que su juicio los guía; pero puede demostrarse con facilidad que sencillamente dan por sentada su filosofía, porque para ellos sólo es sentido común y no son conscientes de que sus conceptos se apoyan en un marco de referencia comúnmente aceptado. Cuando se enfrenta con una visión del mundo totalmente distinta de la suya, la consideran loca o irracional o infantil, pero ellos se consideran lógicos. La profunda necesidad de un marco de referencia es particularmente evidente en los niños. A cierta edad, los niños a menudo construyen su marco de orientación de una manera ingeniosa, usando los pocos datos que tienen disponibles.”

20. Pero los mapas y los territorios afectan también la presencia de los alumnos, su presencia en las escuelas y la posibilidad de construir desde ella el acceso al mundo real. Mientras que para los docentes, las clases, la escuela, las lecciones y los saberes a transmitir representan el propio territorio, para el que la preparación previa, la formación y las construcciones teóricas funcionan como mapas, para los alumnos – los usuarios – la escuela, el aula, las lecciones, los aprendizajes escolares son solamente un mapa que sirve de preparación para el ingreso en el territorio de su propia existencia autónoma.

21. En esta concepción, la educación – el territorio de los docentes – es el ámbito en el que los sujetos en crecimiento preparan sus propios mapas, sus planos, sus hojas de ruta para afrontar las demandas de la vida que les aguarda. Los alumnos del sistema están atravesados por cuestiones análogas, aunque su relación mapa – territorio es otra. Los alumnos concurren a la escuela porque las escuelas se ofrecen como lugares dispuestos por la sociedad en los que se adquieren los mapas del territorio que deben recorrer. Cada uno de sus recorridos no son más que una representación que sirve de guía para la incorporación presente y futura en la sociedad y en la realidad.

22. Tampoco para ello es lo mismo el mapa que el territorio, así como no es lo mismo estudiar en los mapas del territorio que en el territorio mismo: todo el esfuerzo por entender y retener la cartografía es un trabajo arduo que muchas veces parece un sacrificio estéril e inútil. En medio de los mapas, rodeados de planos, redactando trabajosamente las hojas de ruta, encerrados en una clase y escuchando al experto en cartografía que despliega sus detalles en el pizarrón, los alumnos pueden sufrir un desencanto, porque ven por las mismas ventanas de sus escuelas que “la vida está en otra parte”.

23. Desde ciertos aburrimientos propios de las horas escolares, los estudios en la realidad y en el territorio son mucho más atrayentes, pero también son más determinantes, ya que las decisiones que se toman no pertenecen al ámbito de las representaciones sino de la vida. Aprender por la experiencia, por ensayo y error para proceder a rectificar las conductas equivocadas es un camino atrayente pero puede resultar peligroso y demasiado lento. Es imaginar la presencia de alguien que quiera volver a descubrir el territorio que ya ha sido conquistado, organizado, delineado y cartografiado. Aprender de la experiencia de otros además de una forma de aprendizaje es una forma de economía.

24. Lo importante es que no identificar al mapa con el territorio, la escuela con la realidad, las lecciones con las exigencias del mundo real y a los rendimientos académicos con las determinaciones de la vida. Ni los alumnos, ni los docentes deben confundir ambos planos, ya que no se pueden identificar. El uno refiere al otro y tiene validez en la medida en que se construyen sobre la referencia mutua. No se trata de un calco que reproduce hasta los detalles, pero los mapas se construyen sobre los territorios y guardan relación con ellos. Y la escuela organiza la transmisión de los saberes necesarios, utilizando una arbitraria división en disciplinas, cuya vigencia depende de una convención. La realidad permanece ajena a esa clasificación pero es una forma de aproximarnos a ella. El mundo no es matemático, físico, literario, químico, biológico o astronómico: es todo ello y al mismo tiempo.

25. Todo recorrido teórico en torno a una realidad es siempre un mapa con respecto a un territorio. Mapa, porque encontramos esbozado y dibujado en un lenguaje comprensible para todos, el itinerario y la estructura de la realidad, pero sabemos que no se trata de la misma realidad. Cuando vamos desentrañando el mapa, clarificando y "ubicando" los lugares propios de la realidad, podemos irnos metiendo en su territorio. Si hablamos del mar o del viaje o de la escuela o de la institución estamos hablando del mapa... la realidad o territorio está en otra dimensión y es necesario estar en ella, “ser en ella”, para la comprensión. Solo quien habita en el territorio sabe de qué se trata: el viaje, el mar, la escuela, las instituciones...

26. Tal vez por eso no se pueda preguntar – como suelen hacer los alumnos - ¿para qué sirve esto?, ¿para qué nos sirve esto?, porque nadie sabe qué detalle del mapa puede resultar de utilidad en el presente y en el futuro de los recorridos por el territorio. Los mapas, las hojas de ruta siempre tienen información suplementaria que a veces parecen molestas pero que en algún momento nos pueden resultar de utilidad: Nadie puede responder a las preguntas sobre la utilidad, porque la única manera de hacerlo es mostrando y demostrando los momentos en que necesitamos de esos conocimientos (y que si no los poseemos no tenemos tiempo para aprenderlos).

27. También para los alumnos, los mapas – que se certifican con notas promociones, acreditaciones y diplomas - son aproximaciones al territorio, nunca se confunden… y el esfuerzo por aproximarlo representa un beneficio para todos. Pero en las escuelas, los buenos mapas necesitan buenos presentadores: buenos cartógrafos, buenos intérpretes, y buenos conocedores del territorio (no solo de los mapas), por eso los docentes no pueden soslayar sus responsabilidades al respecto. No son funcionarios que reparten – como en algunos peajes – mapas de la geografía que recorremos, sino empleados responsables de la oficina de información turística empeñados en hacernos recibirnos, en orientarnos, en hacernos sentir como propio el territorio que visitamos.

28. En ninguna de las funciones que desempeñamos deberíamos confundir nuestra idoneidad para manejar mapas (o nuestra habilidad para multiplicarlos con un sinnúmero de palabras) con la dura tarea de habitar, vivir, recorrer, conocer, dominar, conquistar el territorio. Igual que cuando planeamos realizar un viaje, podemos optar, si no conocemos bien el terreno, por buscar un guía que nos facilite la estancia y nos ayude a descubrir el lugar, organizando nuestro tiempo y sorteando aquellas dificultades que nosotros ignoramos. Esto nos asegurará el viaje: buenos mapas, hojas de ruta, direcciones, teléfonos, nombres, referencias, planos... Pero esta preparación previa y remota no es el viaje. De hecho, cuando vamos viajando (o llegando) tratamos de contrastar lo que dicen nuestras anotaciones, las cartillas, los planos, los mapas con la realidad que vamos descubriendo. Muchas veces el mapa es ajeno, se deja leer pero no resulta sencillo de aplicar a la realidad: las distancias no son las esperadas, hay otros detalles o referencias, han construido nuevos caminos, se presentan nuevos carteles, hay otras atracciones. Los viajes organizados son, aparentemente, más seguros pero menos excitantes. También podemos decidir embarcarnos en la aventura de descubrir nosotros mismos el territorio que desconocemos, aun a riesgo de soportar, por desconocimiento, numerosos contratiempos e, incluso, peligros: tardaremos más, podemos equivocar la ruta, meternos en senderos equivocados, pero seguramente será un territorio mucho más conocido.

29. Cuando, al regresar, contemos nuestro viaje, desplegando mapas, folletos, fotos, videos, volvemos a construir el mapa, y los que nos observan tendrán una construcción que no es la realidad: podemos aconsejarlos, indicarles rutas o lugares, advertirles cuáles pueden las dificultades, anticiparte kilómetros y estados de los caminos, clima y estructura de la ciudad... pero serán los nuevos viajeros o visitantes los que tendrán la experiencia del territorio.

30. Los mapas sirven y es bueno tener a mano algunos de ellos. Los mapas – sin embargo – suelen ser necesarios también para descubrir la realidad, para lograr tener una versión de la misma. Demasiados insertos en el territorio podemos desconocer aspectos fundamentes del mismo. Los mapas – con sus referencias y sus estudios – nos recuerdan aquello que nunca vimos, que ahora soslayamos o que ocultamos. Los mapas también nos pueden ayudar a encontrar un nuevo camino (desconocido por nosotros), o advertirnos – si son actuales – acerca del estado del territorio y de la posibilidad de transitarlo. En este sentido los mapas se vuelve necesarios, siempre que no cambiemos el valor de los mismos ignorando el peso de la realidad y del territorio.

31. Nunca como en estos tiempos he podido vivir con mayor contraste la falta de relación entre los mapas y los territorios. Un amigo me entregó un mapa actualizado de una ruta que – según su experimentada opinión – era el mejor camino hacia el destino elegido. El mapa, prolijo y perfecto, dibujaba cada una de poblaciones que en forma de rosario imaginario iban uniendo a través de las diversas rutas el recorrido. Había tenido la delicadeza de adelantarme numerosas indicaciones para asegurar el mejor uso de la ruta. Nada podía hacer imaginar que el viaje se iniciaría con una cerrada neblina que tornaba peligrosa la circulación y que inhabilitaba muchas de la señales. Lo cierto es que con más frecuencia que en otras oportunidades fuimos encontrando dificultades. Los carteles no aparecían, las numerosas bifurcaciones en las rutas no nos permitían concluir que lo que figuraba en el papel se traducía en la realidad. Más de una vez nos vimos parados al costado del camino tratando de interpretar las indicaciones, o desandando el camino habiendo comprobado que no se trataba de la ruta precisa, o acercando el auto hasta alguna estación de servicio o algún transeúnte circunstancial para recibir la información precisa. En esos casos, los mapas eran instrumentos para buscar, para preguntar, para revisar los carteles… aunque en sí mismo no nos hubieran conducido a los lugares deseados. Una vez conocido el territorio, el mapa parecía claro, pero cuando afrontábamos por primera vez la realidad, las dificultades aparecían, y solamente la experiencia se encargaba de transformar la información del papel en información real. En una de las consultas, alguien nos contestó de una manera inteligente: “Son sólo 20 kilómetros los que les faltan, pero no se trata de distancia, sino de tiempo. El camino tiene muchas dificultades y no está en buen estado. No se guíen por los mapas: los ilusiona inútilmente”. Y era verdad: atravesar una ciudad, pasar por los badenes, afrontar peligrosos “lomos de burros”, cuidar la velocidad amenazados por controles prudentes o arbitrarios, encontrarnos con una larga fila de camiones, cuidarnos de la lluvia o la neblina, comprobar que no miden lo mismos los rectos caminos de la llanura (o de las autopistas) y los caminos de las montañas, que no es lo mismo avanzar por una cuidada capa asfáltica que hacerlo en medio del ripio y de un camino cruzado por desniveles y restos de las precipitaciones cercanas, eran otra manera de leer el mapa. Y concluíamos cuando llegábamos a los diversos destinos o regresábamos de ellos, que con cada viaje, con cada territorio los mapas se reconfiguran, se tornan reales y deberíamos hacer nuestra propia interpretación de ellos, aunque sabiendo que ni para un futuro viaje, ni para facilitárselo a los amigos eran un recurso asegurado. Los mapas de nuestras prácticas son meros instrumentos que deben reconfigurarse al calor de las realidades. El tiempo que tardaremos no se mide sólo en distancia y en capacidad del auto. En cada momento y en cada circunstancia construiremos el recorrido. No se trata de despreciar los mapas, sino de darle su lugar y saber que siempre – aun cuando se trate de las rutas mas habituales y conocidas – descubriremos en la práctica el verdadero valor de los proyectos, las planificaciones, las teorías.

32. Este manejo de territorios complejos con mapas que van creciendo en información, precisión y complejidad hasta un grado tal que es difícil reconocer el territorio en los mapas que nos entregan, puede conducirnos a otra analogía. Los pilotos de rally tienen una presencia fugaz en los irregulares territorios de las carreras y deben atravesarlos a gran velocidad. Como en la vida misma, los obstáculos aparecen cuando menos los esperamos y no siempre nos regalan un tiempo para procesarlos: debemos resolverlos ya, porque la duda ante el obstáculo a vencer se puede transformar en una cuestión de triunfo o derrota, de vida o muerte. Para poder llevar adelante esta tarea, los pilotos de rally disponen de sus co-pilotos. Son los expertos en territorio: llegan antes, reconocen el terreno, observan minuciosamente los detalles, las dificultades, los eventuales problemas, calculan la velocidad, y construyen una hoja de ruta que registra paso a paso los detalles del camino. El piloto debe confiar ciegamente en su copiloto y el copiloto debe saber que el resultado de la carrera (y la vida de ambos) dependen de la veracidad de la información y de la capacidad para transmitirla en el momento y en la forma adecuada. Al concluir la carrera, el que festeja, a quien al que aplauden es siempre el piloto, porque él es el responsable del auto, del manejo, de la velocidad, de la destreza. El copiloto celebra en un segundo plano, en la intimidad, en el ámbito de los reconocimientos personales.

33. En la educación – en todos los ámbitos y en todos los niveles – cada sujeto, cada alumno es el piloto de su propia existencia, es el constructor de su propio futuro (sino no lo construye el futuro se le convierte en destino). Conoce su auto, confía en quienes se lo han preparado, sabe que la geografía que debe recorrer no es fácil, pero que la vida se define viviendo, corriendo la única carrera que nos conduce desde el nacimiento hasta la muerte. Pero el pilito inteligente va sentado junto a sí a los co-pilotos que la misma vida le va regalando. Son expertos en territorios, constructores de hojas de rutas, intérpretes y clasificadores del terreno, consejeros en cuestiones de velocidad, prudencia, aceleración y frenado. El piloto debe confiar en su copiloto y el copiloto debe ser responsable en su tarea: se juega la vida misma en esta empresa. A lo largo de su existencia, los copilotos irán variando y el tipo de hojas de ruta irá creciendo en información y rigor, pero se trata – en suma – de asegurar el normal desarrollo de la propia vida. La meta fijada es desprenderse del copiloto para emprender el camino con absoluta autonomía: aprender a vivir para saber vivir la propia vida.

34. Para los docentes, la tarea de copiloto es una tarea cíclica y repartida: saben que no son los únicos que acompañan al piloto, saben que no son co-pilotos exclusivos de nadie, saben que no son ellos los que manejan, saben que no serán ellos los responsables de los choques o de las maniobras magistrales, saben que a la hora de la llegada y del triunfo no serán los homenajeados, pero todo eso nos les quita profesionalidad en su función. Aprenderá con cada piloto, repetirán el camino y gozarán con cada triunfo, con un generoso renunciamiento. Porque ser copiloto es renunciar a dirigir el auto, a manejarlo, a mostrar qué es lo que debería hacerse en cada ocasión. La vida de los demás no nos pertenece, somos – simplemente – una presencia en la vida de los otros, la presencia de los expertos en territorios, especialistas en hojas de rutas que se contratan hasta que uno pueda manejarse con autonomía en cualquier territorio.

35. La relación entre mapas y territorios puede asociarse al tema de los “modelos” que utilizan y construyen algunas disciplinas para tratar de explicar y ordenar la realidad. Los modelos contables no siempre reflejan la realidad de las empresas. Ayudan a comprenderla pero no son su fiel espejo, de tal manera que quienes quieren conocer el estado administrativo y contable de una empresa y su dinámica económica articulan los modelos con la realidad, la construcción teórica con el manejo efectivo de la empresa. El usos de estos modelos (balance, estados de resultados, presupuestos, cuadros de costos, modelos de gestión administrativa, modelo costo-beneficio) es tan común y se realiza de manera tan mecánica que por lo general se tiende a perder de vista lo que estamos realizando, porque tales procedimientos no son la realidad en sí, sino una representación simplificada de la misma, con sus limitaciones. Con los modelos contables representamos una parte de una realidad muy compleja (como es la empresa y su entorno) de modo que nos sea posible operar con sus variables tratando de analizar y comprender su funcionamiento. Los modelos son procesos que permiten simplificar la realidad para poder verla y analizarla con mayor comodidad. Podemos dibujar modelos perfectos para el control de los incautos que quieran controlar las empresas a través de esos modelos, conscientes de que la realidad exhibe una situación riesgosa o absolutamente caótica.

36. TÁCTICA Y ESTRATEGIA (guerra, juegos, mercado) La estrategia responde a la pregunta sobre qué debe hacerse en una determinada situación. Establecer un plan de acción propio, interpretar el plan del oponente, tener una orientación del curso que pueden tomar los acontecimientos en el futuro son los principales elementos que forman parte de una estrategia. La táctica contesta a la pregunta de cómo llevamos a cabo nuestros planes e ideas. Calcular con exactitud cada movimiento, encontrar maniobras, combinaciones o recursos para mejorar nuestra posición es competencia de la táctica. La relación entre los dos conceptos es fundamental. No es posible aplicarlos en forma independiente. Sin táctica la estrategia nunca podría concretarse, ya que no encontraríamos el camino para coronar con éxito los planes que diseñamos. Sin estrategia ni lineamientos generales, la táctica no tendría objetivos claros y su aplicación sería errónea. La estrategia es una planificación de acciones a medio plazo, con el objeto de alcanzar la meta deseada. La táctica por el contrario, es la habilidad para superar misiones concretas. La estrategia juega con tendencias y futuros, mientras que la táctica tiene en cuenta las circunstancias reales. El diccionario de la Real Academia nos ofrece las siguientes acepciones. Táctica es el 'Arte que enseña a poner en orden las cosas. Conjunto de reglas a que se ajustan en su ejecución las operaciones militares. Sistema especial que se emplea disimulada y hábilmente para conseguir un fin'. Estrategia es el 'Arte de dirigir las operaciones militares. Arte, traza para dirigir un asunto. En un proceso regulable, el conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento'. De alguna o muchas maneras TACTICA Y ESTRATEGIA significa posicionarse, encontrar el lugar necesario y adecuado en el MAPA o en el TERRITORIO o en los dos, a la vez, en un juego dialécticos de saltos y relaciones.

37. Conviene revisar y re-trabajar el TEXTO DE BORGES: “El idioma universal de John Wikins” (Otras Inquisiciones. 1952) como una forma de nombrar la realidad o construirla. De alguna manera TODO LENGUAJE ES UN MAPA para el vasto territorio es que es el universo (un nombre mas rico que realidad). El aporte de John Wikins es tratar de que cada palabra se definiera a sí misma, porque con-lleva en cada sílaba un significado que remite a una de las cuarenta categorías o géneros y las siguientes sílabas las subdivisiones consecuentes, ya que el cambio en cada una de las sílabas remite a un cambio de significados. No se trata de mapas arbitrarios sino de mapas compatibles en donde las letras se vuelve significativas y guardan cierta relación con la realidad. En realidad el muy antiguo y sobre todo medieval problema de las universales no es mas que un problema de co-relación entre los mapas y los territorios, entre los significantes y los significados, entre los signos y los referentes, entre las palabras y los conceptos y las cosas mismas.

38. En su libro CULTURA Y SIMULACRO, el sociólogo francés JEAN BAUDRILLARD escribió:

“Si ha podido parecernos la más bella alegoría de la simulación aquella fábula de Borges en que los cartógrafos del Imperio trazan un mapa tan detallado que llega a recubrir con toda exactitud el territorio (aunque el ocaso del Imperio contempla el paulatino desgarro de este mapa que acaba convertido en una ruina despedazada cuyos jirones se esparcen por los desiertos –belleza metafísica la de esta abstracción arruinada, donde no es raro que las imitaciones lleguen con el tiempo a confundirse con el original), pero ésta es una fábula caduca para nosotros y no guarda más que el encanto discreto de los simulacros de segundo orden. Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni lo sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los jirones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa”.

Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiperreal y de la simulación. No se trata de una interpretación falsa de la realidad (la ideología), sino de ocultar que la realidad ya no es la realidad y, por tanto, de salvar el principio de realidad. (La precesión de los simulacros)

39. PARA BAUDRILLARD, en el mundo que nos ha tocado vivir la realidad ha sido sustituida por una hiperrealidad, en la que la historia no existe ya que nos movemos en un simulacro de realidad, diríamos en una realidad virtual en la que los referentes reales no existen y sólo tenemos la ilusión de su existencia, y en ello el papel de los medios de comunicación es fundamental, por la contribución decisiva que tienen en esa sustitución de una realidad real por otra ilusoria. Estamos en un mundo en el que la representación de la realidad ya ha superado al referente en el que estaba su razón de ser, sin que esa realidad virtual signifique artificialidad o imitación de la realidad, sino que es un simulacro, un nuevo mapa topográfico de ese entorno que nosotros percibimos falsamente como real, mientras el ruido continuo que se genera a nuestro alrededor desde distintos ámbitos (mediáticos, políticos, culturales…) es lo que nos impide darnos cuenta de esa situación para seguir inmersos en una realidad simulada.

40. Finalmente, conviene consultar el libro de MICHEL HOUELLEBECQ (2010): EL MAPA Y EL TERRITORIO. Un comentario sobre la novela menciona: “Una voz futura historiando los sucesos, típico recurso houellebecqiano, cuenta la vida del ARTISTA JED MARTIN, alguien más acostumbrado a hablar con su caldera que a tratar con los hombres. Martin logra el reconocimiento nacional con su primera exposición. Luego, tras un silencio de diez años, reaparece con una serie de retratos que describen profesiones propias de las condiciones de producción en el capitalismo del siglo XXI, ya sea un carnicero, una escort-girl o una asistente de telemantenimiento; Steve Jobs y Bill Gates o un arquitecto en su despacho. Su tercera etapa, abordada años después ya recluido en una hermosa casa regional, consiste en videogramas que reproducen la vida orgánica del bosque, objetos industriales o la degradación de las fotografías de seres amados. Jed se enamora una sola vez, aunque su historia con Olga probablemente es lo peor escrito del libro; traba amistad con su galerista; y conoce, fascinado o tal vez simplemente reconociéndose en él, al novelista misántropo Houellebecq (también tiene un cameo Beigbeder). Los temas se suceden y superponen: la relación con el padre (no diré que Houellebecq se haya reconciliado con la institución familiar, sería excesivo, eso es ciertamente demasiado pedirle a Houellebecq, pero el asunto está tratado con auténtica ternura), el amor, los procesos productivos, el futuro inmediato de Europa tras las crisis financieras (atención a sus vaticinios, suele acertar), el turismo, las líneas aéreas que han convertido el viaje en una “experiencia puerilizante y totalizadora”. EL MAPA Y EL TERRITORIO toca muchos palos pero en realidad sólo conduce a una gran revelación: la “aniquilación generalizada de la especie humana”. Es decir, como todos sus libros: no en vano la obstinación, nos dice el narrador, es la única cualidad humana valiosa en las profesiones “que tienen que ver con la verdad”... Como la de provocador. La obra se cierra con un silencioso y resignado regreso de tres personajes a las casas donde están sus raíces. La muerte, su aceptación, el final del hombre tal y como lo concebimos durante siglos bajo el dogma de la técnica. La tragedia de todo ello pero también su inevitabilidad. HOUELLEBECQ, pese a todo.

UN RELATO: ANTHONY DE MELO

El explorador había regresado junto a los suyos, que estaban ansiosos por saberlo todo acerca del Amazonas. Pero ¿cómo podía él expresar con palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de la selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las inciertas aguas del río?
Y les dijo: «Id y descubridlo vosotros mismos. Nada puede sustituir al riesgo y a la experiencia personales». Pero, para orientarles, les hizo un mapa del Amazonas.
Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en el Ayuntamiento. E hicieron copias de él para cada uno. Y todo el que tenía una copia se consideraba un experto en el Amazonas, pues ¿no conocía acaso cada vuelta y cada recodo del río, y cuán ancho y profundo era, y dónde había rápidos y dónde se hallaban las cascadas?
El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho aquel mapa. Habría sido preferible no haberlo hecho. Cuentan que Buda se negaba resueltamente a hablar de Dios. Probablemente sabía los peligros de hacer mapas para expertos en potencia.