023. DIOS, CERTEZA Y PROBLEMA. FILOSOFIA MEDIEVAL

DIOS SALVE A LA RAZON Y LA RAZON SALVE A DIOS. Para el MEDIEVO DIOS es un presupuesto indiscutible: no hay ontología, cosmologia, conocimiento ni moral sin la existencia segura de DIOS. Pero para los medievales DIOS es un objeto filosófico y, por tanto, hay una búsqueda permanente para PROBAR CON LA RAZON, lo que YA SE POSEE CON LA FE.

Para la filosofía medieval Dios es un presupuesto y un desafío para la razón Es un presupuesto porque no puede entenderse el conocimiento, la ética, la metafísica, ni la misma sociedad sin la presencia de Dios como un referente ontológico y normativo necesario. Dios es el principio de lo real y lo es porque siendo el ser necesario (el que que no puede no existir, el único ser que necesariamente existe) es la causa, el creador de todos los demás entes o seres. Si Dios no hay nada, porque Dios crea de la nada absolutamente libre y generoso, por su propia determinación. A su vez Dios es la garantía de que al conocer podemos alcanzar la verdad y que al obrar, ayudados por su gracia, podemos llegar al bien y ejercer co-rectamente la libertad. Hasta la sociedad medieval se siente segura en el orden natural que se supone dado por el mismo Dios: su providencia ha determinado los estados (lugares sociales) y se constituyen en el lugar previsto para vivir esta vida como un paso hacia la vida definitiva.

Pero a su vez Dios es objeto de búsqueda, un desafío racional: aunque la comunidad de los creyentes (católica, universal) creía en Dios y no podía ni siquiera dudar de su existencia, la filosofía medieval creció a partir del encuentro entre diversas tradiciones culturales y religiosas: el cristianismo provenía de la tradición monoteísta del judaísmo oriental y el escenario de la expansión de la nueva creencia fue el politeísmo de la cultura greco-romana. El primero esfuerzo del cristianismo (también armado de filosofía) fue reivindicar el valor, la coherencia, el significado de la nueva religión (= escritores apologistas), ya que la persecución por parte del imperio implicaba también una política de desacreditación del nuevo mensaje. El cristianismo no nace de la nada, sino que se abre camino y lugar en un contexto definido en material de religión. Las primeras reflexiones teológicas surgen de la filosofía utilizada como instrumento de defensa frente a los ataques de los paganos (= son los que por desconocerla, no practica el cristianismo, sino las antiguas religiones). La razón, para responder y justificar, construye paulatinamente un cuerpo doctrinal.

Cuando el cristianismo se establece, la razón y la filosofía acuden en ayuda de las disputas dogmáticas porque la revelación se presentaba demasiado amplia (y ambigua) en sus formulaciones y fue necesario encontrar la formulación precisa para cada una de las las creencias dogmáticas. Los primeros concilios ponen en funcionamiento este uso (y frecuentemente también abuso) del uso de la razón en temas tales como: Trinidad, Alma y resurrección, Naturaleza de Cristo, etc.

En los siglos posteriores, el tema de Dios se convierte en un tema obligado en problemas tales como Esencia y Existencia de Dios, Pruebas racionales de la existencia de Dios, Naturaleza o esencia de Dios, Teología afirmativa, negativa y analógica, diversas formas de acceder a Dios.

Los tradicionales argumentos de la existencia de Dios que se observan en los diversos textos medievales, optan por dos vías complementarias: ARGUMENTOS A PRIORI y ARGUMENTOS A POSTERIORI. Las pruebas “a priori” trabajan solamente con la razón y deducen lógicamente la imposibilidad o la contradicción que implica pensar o afirmar que Dios no existe (= prueba ontológica de San Anselmo de Aosta, anticipado por San Agustín). Las pruebas “a posteriori” parte de la observación de la realidad y de ella se elevan hasta probar que Dios es necesariamente quien responde o fundamenta las cuestiones planteadas (Santo Tomas, en la Suma Teológica, es quien sintetiza magistralmente las pruebas mas importantes). Aunque - en definitiva - todo termina reduciéndole a los argumentos a priori o al argumento ontológico, ya que DIOS TIENEN QUE EXISTIR para poder cumplir la funciòn que se postula en cada argumento a posteriori.

Por su parte, el tema de la creación introduce un concepto metafísico nuevo: la existencia. Para Aristóteles los entes tenían el ser y el sostén del ser era la forma (lo que hace que un ente sea lo que). En el medioevo, se introduce el concepto de existencia. No sólo hay algo que hace que el ente sea lo que es, sino algo o alguien que lo hace efectivamente ser, existir. En esto se diferencia antológicamente Dios de las criaturas: en Dios la esencia y la existencia se identifican, ya que Dios es un ser que no puede no existir, en su esencia está dada su existencia (si es Dios debe existir): es un ser necesario. Las criaturas – en cambio – tienen existencia porque Dios se las ha dado a través de la creación. Son seres contingentes: son pero pueden dejar de ser: llegar al nacer a través del nacimiento y dejan de ser al morir o desaparecer.

BORGES Y ARGUMENTUM ORNITHOLOGICUM

Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número?
El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros.
Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.