007. ESCUELAS PARTICULARES, ESCUELAS RELIGIOSAS Y EDUCACION PRIVADA ARGENTINA. 1850 - 1950. HISTORIA, CONFLICTOS Y DESAFIOS

Una revisión histórica de la educacion privada (de todas las orientaciones) en la ARGENTINA. La presencia en las instituciones, en las organizaciòn y en los diversos momentos de la POLITICA EDUCATIVA. Luchas y competencias, complementacion y construcción común, construcción solidaria del sistema.

• El siglo XIX presenta un desarrollo histórico muy particular cuando hablamos de la educación de nuestro país, particularmente cuando analizamos el período que va desde la CONSTITUCION NACIONAL hasta el nuevo siglo. La educación particular o privada de la Argentina tuvo su primer momento de organización, institución y lucha en la segunda mitad del siglo XIX. Es verdad que el nombre remite a un conjunto heterogéneo de escuelas, institutos, colegios y particulares (de muy variada preparación, estructura y servicio) que asumieron el compromiso educativo en ese siglo y que reunía a las confesiones religiosas, a maestros (muchos autodidactas o con alguna formación intensiva), sociedades civiles, representantes de las diversas colectividades e inmigrantes, todos interesados por brindar una ayuda y una asistencia a la sociedad, y responder a sus propios intereses. La educación no era un bien que el estado ofrecía y la población demandaba, sino una situación de excepción y privilegio para algunas familias e individuos. Entre los privados y particulares, nadie puede discutir el papel que tuvo la EDUCACION CATOLICA en ese escenario porque – como ninguna otra – tenía un caudal de escuelas y de servicios que le permitía tener entidad y representación propia. La iglesia a través de sus colegios, la casi totalidad administrados por las ORDENES o CONGREGACIONES religiosas, se consideraba la dueña no sólo histórica, sino natural de la escuela y de la educación.

• Aunque nos vamos a concentrar en el período que va de 1850 (especialmente desde la promulgación de la Constitución Nacional en 1853) hasta 1950 (el primer gobierno del Presidente Juan Domingo Perón), no dejaremos de trazar un breve panorama de los hechos y escritos que se produjeron en la primera mitad del siglo XIX.

• Cuando los Estados modernos comienzan a reclamar el derecho sobre la educación de los ciudadanos y el control sobre las escuelas, se inicia una lucha de poder entre ambos actores: por una parte, por quienes se respaldaban en la tradición y en el histórico manejo de las escuelas, y por otra, quienes se fundamentaban en la necesaria preparación y formación de los habitantes para convertirlos en sus ciudadanos (civilización + moralización). Por atendibles razones – en los inicios - cada uno demandaba exclusividad: la iglesia educaba, pero su fin era sobre todo pastoral y la formación de sus feligreses católicos (como hacían lo propio las otras confesiones); si el Estado educaba, su propósito era sobre todo político, y pretendía asegurarse la incorporación activa y responsable (derechos y deberes) de los futuros ciudadanos. En la puja por encontrar el lugar deseado se jugaron varias alternativas, que fueron produciéndose y que negociaron a lo largo de los cincuenta años, y en donde la educación particular o privada (no cabía otra denominación, porque en modo alguno era oficial) debió ir cediendo en sus pretensiones. En este contexto la lucha por la ENSEÑANZA RELIGIOSA en todas las escuelas y con presencia en el diseño curricular es un tema menor, sólo un movimiento bullicioso en la superficie, porque lo que se estaba debatiendo eran otros temas más profundos. Y siempre existían alternativas de negociación: tender a lograr el máximo, pero sin descuidar la posibilidad de conquistar el mínimo. Los privados o particulares pretendían:

(1) Mantener el protagonismo y el control de la educación o bien, al menos, compartirlo con el Estado interesado en ejercer el derecho exclusivo para garantizar la educación de todos los ciudadanos.

(2) Limitar la intervención del Estado, amparados en la Constitución Nacional, defender la libertad de enseñanza y luchar contra la hegemonía absoluta del Estado en la educación de los argentinos, proponiendo una función complementaria y subsidiaria.

(3) Aceptado el monopolio del Estado en la Educación, discutir y definir las condiciones del ejercicio constitucional de la libertad de enseñar y aprender con autonomía en el manejo institucional, en la organización curricular y el otorgamiento de títulos.

(4) Decidido el control absoluto por parte del Estado de la educación de todos los ciudadanos, lograr el reconocimiento a través de la supervisión y la incorporación a la enseñanza oficial, en la escuela elemental o básica, y en la escuela secundaria en todas sus orientaciones.

• Para muchos colegios que funcionaban como una verdadera unidad académica, con una profunda relación y compromiso con las familias de los alumnos, el servicio educativo implicaba garantizar la educación y la debida titulación (reconocida por el Estado y la Universidad) en todos los niveles. La incorporación (dispuesta por la ley 934 de 1878) fue vista como un recurso seguro para garantizar la continuidad de la educación. Con el paso del tiempo se fue conquistando gradualmente una paridad entre escuelas oficiales y escuelas privadas. A partir del protagonismo educativo del Estado, el modelo fue siempre el colegio oficial y las escuelas privadas que fueron asimilando su estructura, programas, planes, requisitos fundamentales y sujetos a los procesos de acreditación y titulación. No se produjo ninguna innovación surgida de los colegios particulares que preferían ajustarse a los modelos oficiales, pero esa organización les permitía crecer, seguir desempeñando su función y brindando servicios, en la medida que se limitarban a las continuas disposiciones impuestas por el estado. Había libertad “para enseñar”, pero el sistema educativo del Estado determinaba qué y cómo hacerlo (normalización), incluyendo la titulación requerida de sus educadores (escuelas normales).

• En muchos casos – a diferencias de otras escuelas particulares – las escuelas católicas (a cargo de las diversas congregaciones y órdenes religiosas con carisma educativo) habían llegado a la Argentina y a numerosas poblaciones, solicitadas por las autoridades políticas del lugar, ante la ausencia de respuestas concretas por parte del Estado. Es probable que la mayoría de estas Instituciones en todas las geografías no hayan entrado en el debate, ni hayan vivido los conflictos que se libraban en los lugares de poder, ni hayan tenido representantes docentes en las instancias de discusión, sino que con pragmatismo fueron adaptándose a las circunstancias y contextos para no alterar el trabajo que realizaban.

• Si uno toma como referencias las categorías que pueden caracterizar en nuestros días a la educación pública de gestión privada y observa estas alternativas y el itinerario que siguen las ideas, los conflictos, las luchas del período, seguramente se encontrará con algunas de ellas, porque es otro el debate que atraviesa la separación o la distinción entre lo público y lo privado, lo estatal y lo particular. Sólo algunas de estas notas aparecen en los reclamos, en los discursos, en los debates: (1) una fuerte presencia corporativa (en muchos casos funcional, porque escuelas y colegios se asociaban para defender el territorio que ocupaban o pretendían ocupar) como instrumento de defensa y demanda, (2) la defensa de la fórmula constitucional del derecho de enseñar y de aprender que habilitaba para demandar la participación en el sistema, (3) la oportunidad histórica de haberse anticipado al estado, respondiendo al derecho a enseñar y aprender brindando servicios educativos para demandas determinadas o para sectores no cubiertos por el estado. En el fondo, el debate recae sobre una idea central: cómo se debe organizar el sistema educativo argentino, cuáles deben ser sus principios y quiénes deben ser los que lo gobiernen. La definición y el control del sistema estaban por encima de los otros debates.