046. LA FUERZA DEL AMOR + GORZ

"Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos."

l 22 de septiembre del 2007 Dorine y André se inyectaron una sustancia letal y partieron juntos. La muerte del filósofo ha conmovido a los franceses, que hoy saben cuánto André quería a Doreen, a pesar de la marcha inevitable y pesada del tiempo y la enfermedad. "Pronto tendrás 82. Te has encogido seis centímetros y sólo pesas 45 kilos, y sigues siendo hermosa, con gracia, deseable", confiesa en una carta. (…) "Hemos vivido juntos durante 58 años y te amo más que antes. Llevo en mí, en el pecho, un vacío que devora, que solo puede llenarse con la tibieza de tu cuerpo junto al mío", recita.
André Gorz no quiere quedarse atrás, no soporta la posibilidad punzante de vivir sin su compañera de toda una vida. “A veces, en la noche, veo la silueta de un hombre caminando detrás de una carroza a lo largo de un camino desierto y un paisaje desierto. Yo soy ese hombre. No quiero asistir a tu cremación, no quiero recibir tus cenizas en un recipiente", se duele el anciano enamorado.
Lettre a D. Historie d' un Amour (Cartas a D. Historia de un Amor) reúne esa lista de confesiones tiernas y elocuentes. Gorz las publicó poco después de enterarse de que Dorine estaba enferma, pero recién hoy se ha convertido en un bestseller, que supera sus análisis del fin de proletariado o sus estudios de las relaciones laborales.
A los 83 años, el otoño pasado, esa carta de amor comenzaba con una confesión muy bella: “Acabas de cumplir 82 años. Sigues siendo tan bella, graciosa y deseable como cuando te conocí. Hace cincuenta años que vivimos juntos; y te amo más que nunca. Hace días te dije que había vuelto a enamorarme de ti. Y tu vida desbordante me hace feliz, abrazando tu cuerpo contra el mío”. Seguían ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidas de melancolía, ante la contemplación de dos niños, dos jóvenes, un hombre y una mujer que siempre habían vivido condenados al destierro. Ella era una inglesa que hizo su vida en París. Él era un judío austriaco que consagró su vida a soñar un mundo nuevo que solo terminó encontrando en el cuerpo de la mujer que amó, Dorine. A lo largo de su Carta a D., André Gorz pasa revista a su vida en común. Y advierte que fueron una pareja de solitarios, apátridas, sin tierra, sin familia. Y en esa tierra de nadie del amor fiel, André y Dorine terminan por encontrar la patria inmaterial de un amor que va más allá de la muerte. André y Dorine discuten, cuenta él, la posibilidad de suicidarse. Están solos. Y la muerte, escribía André Gorz, sería para ellos una nueva tierra prometida, donde continuarían amándose. Es una larga carta en la cual el filósofo francés comienza cuestionándose las razones por las cuales su esposa estuvo tan poco presente en su obra siendo que era la persona más importante de su vida y sin quien su obra probablemente no habría tenido el impacto que tuvo por todo lo que ella lo apoyó y ayudó.

"Eras el complemento de la irrealización de lo real, incluido yo mismo, algo en lo que me empleaba desde siete un ocho años atrás mediante la actividad de escribir. Para mi eras la portadora de la puesta entre paréntesis del mundo amenazante donde yo era un refugiado de ilegítima existencia, cuyo porvenir nunca se prolongaba más allá de tres meses."

AMOR Y EPISTEMOLOGIA

(1) A veces el amor tiene rasgos POPPERIANOS: no es el resultado de un inductivismo positivista que acumula datos y propuestas, sino que asoma como una hipótesis levemente intuida en unos ojos interrogantes y construye a partir de ella los elementos necesarios para convertirse en una deducción necesarias. Y ese amor hipotético-deductivo se transforma en una realidad que lo será mas en la medida en que esté siempre abierta a la posibilidad de la falsación. Este amor popperiano no es el que se cierra en una fidelidad acritica y ciega, sino que está siempre expuesto a la posibilidad de ser refutado, corrido, sustituido. Si - a pesar de todos los embates - sobrevive, será el amor verdadero, el amor eterno. Si, por el contrario, cede hasta la falsación se trata de un amor pequeño, de un camino de búsqueda hacia el amor definitivo.

(2) Otras el amor tiene rasgos KUHNIANOS: la paciencia, los trabajos y los días van construyendo un amor normal, el paradigma vigente que reina seguro en el reino de las pasiones, las relaciones, los deseos. Todo está hecho para que dure para siempre. Pero, en los suburbios de nuestras vidas, en cada una de las vidas de la pareja asoman pequeños disrtubios, indicios de revoluciones. Crecen muy lentamente y son combatidos por el amor reinante. Pero hay un momento en que el malestar se transforma en reclamo, las dudas se convierten en ataque... y el reinante paradigma debe dejar su lugar al nuevo. La sustitución de los amores no es más que una analogía de la necesaria sustitución de los paradigmas, deseosos de encontrar una forma de crecimiento.

(3) Y tambien el amor puede volverse LAKATOSIANO: y entonces, el amor se refugia en un núcleo esencial e intangible que es y será el amor definitivo. Es el amor eje, referencia, eternidad que nos unirá por siempre. Puede no ser el primero, pero seguramente será el único. No puede como núcleo ser motivo de ataque alguno... pero necesita rodearse de hipótesis satélites que como si constituyeran un cinturón protector operan de escudo: son los amores fugaces que vien y van, que conviven con el núcleo, que negocian con él ya que nunca pretenden sustituirlo y se sienten seguros en su función subsidiaria y servicial. Difícilmemnte se producen conflictos entre estos amores porque cada uno sabe el lugar que ocupa cada uno en el sistema.

(4) Y puede emerger un amor al estilo de la epistemologia anárquica de FEYERABEND: se trata de dudar de los privilegios, los centros, las seguridades y pensar que el amor nunca es uno, sino que siempre es dolorosamente y gozosamente múltiple: son todos conmensurables, y es imposible decidir cuál de ellos es el que en definitiva no identifica o nos atará por siempre.

(5) Y tambien el amor puede ser complejo, incierto, borroso, aproximativo, transversal... de eso se trata en suma de encontrarle el nombre, la forma, el lugar, el centro, el destino.