044. VARIACIONES SOBRE EL TEMA DEL CUERPO

Con nosotros, siendo nosotros, sin desprenderse, representántonos y siendo, EL CUERPO se juega en cada momento de la vida. Pero sobre todo el cuerpo es un instrumento de relaciòn, de inter - relaciòn... y despierta tantos interrogantes de uno, cuando el tiempo se hace cargo de su paso y deja huellas en cada uno de sus organos o en cada centímetro de su piel.

UNO

Los cuerpos que dejan de ser nuestros, vuelven a la región de los extraños y recuperan la dimensión de los objetos. Nuevamente los medimos, los admiramos o los condenamos. Podemos detenernos en sus partes, prescindir de otros aspectos, hasta negarles cualquier tipo de interioridad. Puede ser que exciten nuestra imaginación o despierten nuestra sexualidad. El juego de las imágenes que recorren los medios sabe de esta una fascinación por los objetos y nos sirve los cuerpos en bandeja – como tantos otros productos – para que los deseemos, los consumamos, alimentemos nuestra imaginación o calmemos nuestros íntimos deseos.Pero no nos unimos a los otros, ni nos separamos de los cuerpos, sino de las personas: no son ellos la causa de la separación o de los enfrentamientos. Hay un interior que libra la batalla y que no toma los cuerpos por rehenes. No nos quedamos ni nos vamos solamente por el cuerpo. Luego, cuando ya lo hemos decidido, allí reaparece el cuerpo – el nuestro y el otro – para producir las evaluaciones favorables o desfavorables con respecto a la elección o a la pérdida.Cuando abrazo a una mujer, cuando la siento mía, ya no estoy pensando en su cuerpo, ya no evalúo sus proporciones porque es un cuerpo para mi… como sé que ella tampoco lo hace por yo mismo soy un cuerpo para ella. Eso puede explicar las parejas desparejas que por momentos se forman o se nos presentan. Si cada una de ellas se evaluaran como cuerpos no se admitirían. Pero los secretos de las relaciones intersubjetivas son más ricas que las proporciones de la piel o de los órganos… y sobreviven a las contingencias de los cuerpos que sufren, se enferman, mejoran, empeora, envejecen y se mueren.Por eso los amores virtuales tienen una construcción tan rápida y espontánea: el otro que habla, de expresa, dialogo, expone sus sentimientos, siente, desea, se entrega… está desprovisto de cuerpo: no tengo que salir a evaluar y a conquistar. Está allí, como estoy yo aquí, dispuestos al encuentro… De alguna manera llegamos a cuerpo siguiendo otro camino que lo relativiza o lo encuadra… Y allí comienzan otras historias.

DOS

Diversas expresiones nos muestran la unidad que nos constituye. El interior y el exterior. Lo espiritual y lo material, el alma y el cuerpo hablan el mismo lenguaje, al punto que lo que nos sucede parece expresarse en el cuerpo mismo: "lo veo y me broto", "se me parte el corazón", "tengo el corazón partido", "cuando lo pienso se me hace un nudo en estómago", "escucharlo me parte la cabeza", "me gritó y me quedé paralizado", "frente a lo sucedido me quedé sin palabras, sin poder hablar", "colorazo de vergüenza", "blanco como un papel", "empapado por los nervios", "verde de rabia". Efectivamente hay diversos lugares del cuerpo que viven y expresan nuestros pensamientos o nuestros sentimientos: el corazón, el estómago, la falta de tonicidad muscular, el cosquilleo que provocan ciertos sentimientos, los deseos que nos recorren por diversos lugares de un interior y de un exterior que no alcanzamos a precisar. Uno piensa en el beso y no sabe si se trata de algo físico o psíquico o espiritual o integral... Y en los encuentros intersubjetivos (o los desencuentros) y el valor que uno y en otros tienen la mirada (¿física?), el tono de las palabras y su contenido, los gestos, las manos y cada centímetro de nuestra piel. Y en esos encuentros es como que el interior reclama al exterior y el exterior funciona porque hay un interior que puja. Somos nuestro cuerpo, el cuerpo que los otros ven, el que padecemos y el que los demás padecen, el que disfrutamos y el que los demás disfrutan... somos nuestro cuerpo cuando exponemos un tema, defendemos una idea, compartimos una charla o una mesa o nos fundimos - sin distingo de territorios - en unidad con el cuerpo amado. Debe ser esa finitud que nos recorre lo que nos hace tan corporal, a pesar de todo o felizmente.

TRES

Uno mira los cuerpos que lo rodean en este verano que explota en disfrute y placer... y ve el culto instalado en cada uno de ellos. Legítimo goce: cuidar el propio cuerpo, cultivar el propio cuerpo, hacer un culto del cuerpo. Levanto la vista mientras escribo y observo desde la ventana la playa con cuerpos varios: hay de todo, porque en suma uno hace con su cuerpo lo que quiere y lo que puede... no siempre lo que debe. Y en suma, ¿qué es lo que debemos? Pero ese culto al cuerpo se sostiene con privaciones y exigencias... el mismo verano nos muestra la generosidad de ofertas para alimentar al cuerpo que es otra forma - contradictoria - de disfrute: allí están tentándonos con toda su lujuria las diversas comidas con una cosmética que asocia el color, las formas, el olor y el sabor... una combinación que combina casi los cinco sentidos: uno la ve, a veces la oye, la huele, la gusta... ¿Cómo se combinan ambos deseos, ambos placeres?¿Como se compatbilizan ambos pecados? Por esos cuerpos cultivados son objeto de deseo, deseo que repercute en el cuerpo, movilizados por una subjetividad creada por el entorno cultural... y al mismo tiempo ese cuerpo desea la comida que - de alguna manera, para e comun de los mortales - representa una alteración de las formas del cuerpo.
Me pregunto ¿por qué la lujuria recibió una condena más radical que la gula? ¿Será porque la comida era algo permitido y habilitado para la clase dominante? Quienes optar por la bulimia tienen una resolución conflictiva pero más lógica que la anorexia... quieren quedarse con el cuerpo y el placer de las comidas. Como no se pueden quedar con las dos, optan por eliminar la comida para conservar algo del deseo y el placer...Aquí estamos pensando cosas, viviendo este verano en una geografía extraña... envueltos en las mismas contradicciones que nos obligan a definir nuestra vida.

CUATRO

“¿Me vas a querer cuando me vuelva vieja?”. “ Si te quiero nunca te veré vieja. Pero si dejo de quererte me daré cuenta cómo se han amontonado los años en tu cara, en tus ojos y en cada parte de tu cuerpo”. Es el amor, son los afectos, los que relativizan las visiones del cuerpo y de los años. Los que queremos no tienen edad, excepto que – de forma repentina – una operación o una enfermedad nos lo devuelvan transformados en otros. Si no, sus cuerpos, sus rostros son siempre los mismos. Por eso, tal vez, los padres no cambian para los hijos, que se vuelven incapaces de objetivarlos y que siempre lo miran desde su subjetividad.
Especialmente en el amor, amamos el cuerpo que nosotros construimos, amamos el cuerpo que emerge de su interior, de su intimidad; es al otro que hay allí – dentro – el que nos sale al encuentro, y entonces, los cuerpos hablan sus lenguajes sin usura (como dice Benedetti). Si le decimos a alguien “estás linda”. nos responde “es que estoy bien, bien con vos… y eso me transforma en linda”. Si estuviera mal por dentro o mal con vos, me transformaría en objeto y me volvería fea.
El PARA TI y el PARA MI de la relación es determinante, porque el amor eterniza los cuerpos, los vuelve intemporales y amamos siempre lo que queremos amar del otro, porque en el diálogo en TODAS LAS DIMENSIONES DE LA PERSONA, el cuerpo, nuestro cuerpo, el cuerpo de los otros, se asocia a todas las demás que no sufren los avatares y contratiempos de la edad. ¿Envejece acaso la inteligencia, la palabra, las emociones, la voluntad?
Tal vez, ese sea el secreto(y también los límites) de las RELACIONES VIRTUALES: rescatar del otro algo que no se expone al cambio, y que implica siempre construirlo y saberse construido: pura subjetividad, plena construcción. Y el otro es lo que yo quiero que sea el otro… y yo dejo de ser, para volverme lo quiero que sean… Pero eso, ¿no es la esencia misma del amor, donde el ser se asocia con el aparecer? Sin embargo, aquí, el aparecer desplaza al ser y la virtualidad se convierte en un universo de apariencias.
¿Me seguirás queriendo cuando me vuelva vieja y fea? Nunca te veré ni vieja, ni fea. Mi mirada tiene un filtro que procesa las imágenes y las convierte en lo que deseo. Pero siempre que te siga amando, siempre que nos sigamos amando.

CINCO

De pronto el cuepo detuvo la marcha. No fue el motor (funcionaba perfectamente), ni las cubiertas, ni el combustible. Pero la marcha se detuvo y sólo hubo silencio y desierto. Y soledad y pensamiento. Fue el camino: allí estaba, secreto, ajeno, bifurcándose hasta el infinito, sin imponer un rumbo, ofreciéndose obsceno, ajeno, distante. ¿Por dónde seguir? La marcha se detuvo en el punto exacto en que ya no había una rutina que obligara a seguir hasta el infinito: lo que me esperaba requería una decisión.
En los espejos retrovisores se veía el largo y plural camino recorrido, poblado de imágenes, de rostros, de gestos, de búsqueda, de amores, de entregas, de trabajos, de esfuerzos, de demandas, de risas, de gritos, de conquistas, de productos, de cosas, de escritos, de paisajes. Pero estaban lejos, muy lejos, como formando parte de un mundo definitivamente perdido, abandonado, irrecuperable, ciego. El regreso era un refugio protector pero implicaba renunciar a la marcha.
Y la marcha daba a luz esa pausa, esa imposibilidad, ese desapego, esa intima desazón, ese exilio subjetivo que lloraba sobre las propias seguridades y esos caminos plenos, repletos, atrayentes que asomaban demandando decisiones, un giro, un salto al abismo, una ciega pasión, un atrevido desamparo. Y alguien estaba allí - ¿copiloto? - para rearmar paciente el mapa necesario, primitivo. Y entonces supuse que al náufrago le había surgido a la distancia una playa donde remar o nadar a la búsqueda de una nueva conquista.

SEIS

Ese cuerpo no me pertenece. Es parte del pasado, pero no del presente. Ya no. Cercano, pero distante. Ha vuelto a transformarse en un objeto para un sujeto. Ha retomado la perspectiva. Hago esfuerzos por acercarme y tocar pero todo es extraño. Observo los movimientos, el contorno que se divisa en la penumbra. Nada es lo que era. Hay una simetría asombrosa y peligrosa: de la misma manera que, en su momento, perdió la perspectiva y dejó de ser un objeto asimilable a los otros cuerpos para convertirse en próximo, íntimo... ha abandonado la orilla, se lanza a la mar y adquiere nuevamente la forma que desde siempre tuvo. Construimos los objetos, construimos los cuerpos de los otros, construyen nuestro cuerpo: nunca somos sin el otro que hace de nosotros lo que debemos ser.
Y los cuerpo, entonces, denotan la edad, las arrugas, los pliegues, las deformidades naturales, los achaques, los movimientos ajeno a la seducción y a la armonía. Estiro la mano para llegar al cuerpo. La mano se detiene porque no encuentra lo que busca. Y discretamente vuelve a su lugar. Es también el paso del tiempo... pero son muchas otras razones y sinrazones que atraviesan nuestras vidas y cortan nuestra subjetividad al acecho.

SIETE

Este cuerpo es mi cuerpo. Es el mismo cuerpo de las fotos que reviso y me devuelven mi imagen. Es mi cuerpo y no es mi cuerpo. Ese cuerpo tiene el peso de los años, el rastro de los años. El rostro es el mismo rostro y tiene los vestigios de todo lo vivido. Este cuerpo que todavia me obedece y mucho, este cuerpo mío reconoce sus cansancios y sus dolores. No puede quejarse porque hay cuidado y prudencia, hay disfrute y goce, pero tambien el cuerpo sabe que lo he sometido a todos los esfuerzos y que - por momento - el trabajo provoca ciertos descuidos. Caminando, metido en agua transparente de la pileta, sentado, viajando es placentero percibir el cuerpo que aun responde y no se queja. Ojalá me acompañe asi, silencio, sin quejarse, ajeno a dolor, hasta el final. No habré vivido en vano, si ese cuerpo mío es siempre fiel y se vuelve trascendente aunque se convierta en cenizas.

OCHO

¿Dónde esta el cuerpo que me pertenece? ¿Dónde ha ido a parar en medio de las imposibilidades de estos últimos meses? ¿En qué lugar guardo las imágenes, recorto el pensamiento, recreo los encuentros? El tiempo, los días, se van llevando las sensaciones, las memorias. Sé que renacerán en cualquier encuentro del futuro... pero en estos días de ausencia, de lejanía, de marcada perplejidad (aun no resuelta), aun en carne viva, no está. No está en el lugar deseado, en el momento preciso, en el sitio simbólico y real.

Y a mi, que me preciaba de jugar con el desinterés y la indiferencia, me pesa que en algún lugar, en otro contexto y en otras compañías, haya alguien que juegue con sus figuras geométricas, arme sus triángulos, desnude su fragilidad, intente acercarse desde la insalvable lejanía de estos días de enero. Apenas una voz o una mirada, es poco, demasiado poco.
Los cuerpos no permanecen para siempre. Los cuerpos se borran como las geografías, los territorios, las calles... y uno debe reaprender a conocerlos, a apropiárselos, a familiarizarse con ellos.

Desde un lugar que me era familiar y se me ha vuelto extraño... y que me depositado toda una semana en las mismas calles, entre los nombres y las referencias que había borrado, hay imágenes difusas que no logro rescatar cuando más las necesito. Los rostros se han cargado de años, las antiguas casas han sucumbido a la metamorfosis de la ciudad, los nombres han mutado: y yo soy un fantasma en esta ciudad que se me vuelto ajena.