014. LAS TRES S = SANOS, SABIOS, SANTOS

EL IDEAL DE LAS ESCUELAS RELIGIOSAS DEL SIGLO XIX Y DE BUENA PARTE DEL SIGLO XX = SALUD, SABIDURIA Y CONDUCTA ACORDE CON LOS PRINCIPIOS DE LA MORAL CRISTIANA... NO LO ERA DE LA ESCUELA PUBLICA QUE - POSIBLEMENTE - COMPARTIA LAS DOS PRIMERA Y TRANSFORMABA LA ÚLTIMA, PROCLAMANDO AL IDEAL DEL ALUMNO CON TRES "C" = CUIDADOS, CULTOS, CIVILIZADOS O CIUDADANOS..

01. Originalmente fue el ORA et LABORA de los monjes benedictinos, incluyendo en el trabajo tanto el material como el intelectual. Luego – en la edad moderna – la SANTIDAD y el CONOCIMIENTO de la Compañía de Jesús que a partir del siglo XVI había instalado la rectitud de vida (santidad) y en el valor de los conocimientos (saber).

02. En el siglo XVII José de Calasanz en sus Escuelas Pías (siglo XVII) proclamaba la PIEDAD y las LETRAS, es decir, las prácticas y los principios religiosos y el necesario acceso al conocimiento, como dos caras de la misma formación. A finales del siglo XVII e inicios del XVIII, La Salle había publicado un Manual de Urbanidad y de Buenas costumbres (Reglas de Cortesía y de Urbanidad Cristiana. 1703) que respondía al cultivo del burgués de la época y a los principios del cuidado del propio cuerpo.

03. La educación de los niños en las Escuelas Cristiana implicaba un proceso civilizatorio de toda la familia, ya que el autor no hizo más que trasladar los principios de urbanidad y civilidad de los sectores mas acomodados a toda la población. La escuela, por tanto, se convirtió – y siguió siéndolo por siglos – una iniciadora, formadora y referencia obligada en las buenas costumbres para sus alumnos y toda la sociedad.

04. Por eso, el ideal al que debían tender los alumnos de las Escuelas Cristianas, bajo las órdenes de los Hermanos educadores, respondía a un lema mas integral, que le daba una forma definitiva a las versiones que le precedían: SANOS, SANTOS, SABIOS. Cada uno de estos lemas funcionaban como principios rectores que aparecían en las prédicas, en las advertencias, en las escrituras murales y en los principios organizativos de las instituciones.

05. Por supuesto que no todos se volvían SANTOS o llegaban a ser SABIOS o conservaban la salud siempre para ser SANOS… pero el ideal propuesto permitía que en la escuela, los educadores motivaran cada una de sus acciones y decisiones, teniendo los principios que animaban a la educación. Los relatos legitimadores (principalmente las hagiografías) operaban de nexo entre los ideales inalcanzables y la vida de cada uno de los alumnos.

06. Las escuelas de inspiración religiosa se mantuvieron fieles a su origen y desde su formulación en los inicios del siglo XVIII insistieron en las “tres S” como un proyecto integral de formación de los sujetos. Con el paso del tiempo lo fueron expresando con otros lenguajes pero en esencia defendía el Cuidado de la salud corporal, el cultivo de la salud espiritual y la iniciación en el conocimiento.

07. No es casual que en la película de Gutiérrez (1977) — ¡Arriba Azaña!, basada en la novela de José María Vaz de Soto (1971), El infierno y la brisa, y que sitúa sus acciones en un representativo colegio de los Hermanos de la Escuela Cristiana — en sus inicios (en un período netamente franquista) – estos conceptos, que – morigerados – se mantendrán también con las siguientes administraciones, porque responden a la esencia misma de la escuela.

08. La escuela funcionó desde sus inicios como una maquinaria de corrección de los cuerpos y las almas de los sujetos. Pero las tres S no aparecen porque estuviera en régimen franquista, sino porque era un sello identificatorio del estilo educativo de ese tipo de escuelas. La escuela moderna asume la matriz originaria, pero se adapta a las exigencias de sus nuevos usuarios.

09. Los diversos proyectos que estratégicamente se desprendieron de la tutoría religiosa y secularizaron la escuela, mantuvieron las “tres S”, aunque le otorgaron otros contenidos acordes con las nuevas ideas del siglo de las luces (ilustración) o con las propuestas del positivismo de mediados del siglo XIX:

9.1. SANO (= cuidar y cultivar el propio cuerpo) la salud corporal, objeto de estricta vigilancia en la escuela, asoció al higienismo con la educación en un riguroso control de los cuerpos: enfermedades, posturas, crecimientos, anormalidades, diversos tipos de ortopedias asociadas a los discursos normalizantes. Los alumnos “sanos” eran los que no se enfermaban y los que podían anticiparse a la posible enfermedad (contagio) a través de las normas de urbanidad, limpieza, higiene y prevención. El mismo color blanco de los guardapolvos escolares, con su propósito igualitario, respondió a ese principio general (es necesario recordar que el GUADAPOLVO BLANCO no es costumbre difundida y aplicada en los sistemas educativos de todos los paìses).

9.2. SABIOS (= conocer y dominar la cultura y sus instrumentos) en ambas tradiciones se trata de adquirir sistemáticamente la cultura vigente, los recursos para su interpretación y su creación. Los conocimientos esenciales fueron compartidos desde los orígenes de la escuela moderna y los procesos de enseñanza y de aprendizaje respondieron a principios de organización y de transmisión comunes. Tal vez, con el paso del tiempo, se insistió en la necesidad de ser “cultos”, como una expresión de acceso a la cultura letrada que diferenciaba a quienes habían logrado alfabetizarse en los elementos claves de la civilización. Los conocimientos acreditados representaban, además, un conjunto de saberes meritorios para el trabajo y la producción.

9.3. SANTO (= ser un ideal de los valores considerados ejes de la educación) la santidad remitía no sólo a la piedad sino a la heroicidad en el cumplimiento de las obligaciones religiosas, en la fidelidad a la fe. El santo era alguien que sabía dar testimonio con su propia vida del valor de sus creencias, para convertirse en un referente a imitar por quienes crecían en el desarrollo de su fe y de sus virtudes. La sacralidad de la tradición religiosa fue cambiada por los valores desacralizados de la nueva sociedad: los héroes de la patria, los próceres, los ciudadanos responsables, los soldados dispuestos a morir en las batallas, los trabajadores laboriosos, representaban diversas formar de ofrendar la vida en bien de la sociedad. Mientras el santo es una expresión del grado sumo de cristianización, su traducción apunta al grado más excelso de civilización. A los santos se los veneraba en los altares y a los héroes en los monumentos: ambos tenían fechas en las que públicamente se los recordaba. En suma la “santidad” fue sustituida por la civilización en términos de moralización, de buenas costumbres sociales, de convivencia, de vigencia y respeto de los contratos sociales… a veces expresados de manera heroicas; y generalmente de manera humana.

10. Por supuesto que aquella escuela al PROCLAMAR AL SANO estaba excluyendo a los ENFERMOS O LOCOS, al SABIO excluyendo a los IGNORANTEs e INEDUCABLEs, a los SANTOS excluendo los pecadores. Y lo mismo hizo la escuela en manos del ESTADO hasta que la despertaron de su letargo para recordarle su carácter de UNIVERSAL, GRATUITA Y OBLIGATORIA.

11. Aquellas tres S de la tradición religiosa, pudo transformarse en plena glorificación triunfante de la escuela moderna en tres C = CUIDADO (del cuerpo), CIVILIZACION, CULTURA o también: CUIDADOSO, CIVILIZADO, CULTO.