005. JOSE PABLO FEINMANN= LOS CRIMENES DE VAN GOGH (1994) Y EL CADAVER IMPOSIBLE (1992)

JOSE PABLO FEINMANN
DOS NOVELAS PARA DISFRUTAR Y PARA COMPARAR. LA IMAGINACIÓN, LA CREATIVIDAD Y EL AMOR AL CINE DE JOSE PABLO FEINMANN Son DOS NOVELAS cortas que tienen una historia similar, análoga, aunque sigan un recorrido y ofrezcan una estructura diferente. En ambas FEINMANN asume una manera de narrar y de presentar los hechos que se asemeja a los formatos de sus discursos orales, su forma de hablar y de expresarse: su lenguaje, sus explicaciones, sus expresiones, el énfasis que pone en las palabras, la manera apasionada con que despierta al lector y al espectador. Es verdad que uno lo “lee” a FEINMANN pero parece que lo escuchara y que su escritura fuera la traducción de sus voces… Esto se nota particularmente cuando describe a sus personales o cuando se introduce en el mundo del CINE, campo en el que se maneja con una probada solvencia y generoso conocimiento.

Las dos novelas están atravesadas por las referencias a las películas, particularmente CRIMENES (1994), porque su protagonista no sólo atiende un videoclub y recomienda las películas que se deben ver y no cualquier novedad, sino que el propósito – mas allá de la presencia del Jack el destripador – es lograr crear un guión para conquistar los favores y el dinero de la dueña de una Gran Compañía Cinematográfica, que merodea estas geografías en búsqueda de nuevos y creativos guiones: ¿qué mejor que ofrecerle el guión de un asesino serial que al tiempo que ejecuta a sus víctimas va escribiendo paso a paso el guión que deberá presentar para convencer a la ejecutiva extranjera… Por su parte en el CADAVER (1992), las películas son la referencia del narrador que pretende justificar las acciones de su protagonista (ANA, la niña y adolescente) y certificar con sus referencias a diversas películas o escenas o directores o escenas posibles que son coherentes y se ajustan a verdad. La pobre niña puede hacer posible cada uno de los crímenes porque en algún momento alguna escena similar se ha producido en el cine… y el escritor quiere convencer al EDITOR para lograr que su cuento (que termina siendo una novela asociada a películas de terror) pueda ser seleccionado para una ANTOLOGIA DE CUENTOS POLICIALES.

En ambas las historias son muy disparatadas pero al mismo tiempo, posibles: narradas como lo están, los hechos bien pueden haber sucedido así. La imaginación no se enloquece hasta llegar al ridículo, sino que construye un relato de acciones posibles.

En ambas hay una especie de obsesión por las colecciones = las OREJAS en VAN GOGH y los diversos miembros para armar la MUÑECA de la pequeña y desvalida ANA. Son personales aislados, solitarios, perdidos que tienen de alguna manera alguna razón para matar como para poder justificar su existencia. CASTELLI es un don nadie: ANA tiene una vida sin destino ni posibilidades. Matar parece ser una forma de ser y de aparecer.

En el desarrollo del relato FEINMANN suma a la presentación de los hechos sus propias observaciones: en un caso con numerosas aclaraciones y recuerdos de numerosas películas que CASTELLI va recorriendo en su memoria… y en el otro, trabajando con las NOTAS A PIE DE PAGINAS en donde las aclaraciones pueden tener todo (hasta diversos argumentos o guiones para eventuales películas; por ejemplo: EL NOVIO QUE ENTRO AL CINE y reconoce que la película PSICOSIS le cambió la vida).

Como bien se aclara en ambos desarrollos, parece mentira que los CRIMENES en ambas novelas tengan tanta impunidad y que CASTELLI y ANA (que no son los únicos que matan) puedan hacer lo que traman sin impedimentos y sin que los descubran, pero es la lógica de las PELICULAS del género… y hasta el final se va construyendo lentamente como predisponiendo al lector aque sepa aceptar lo que definitiva deberá suceder.

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En LOS CRIMENES DE VAN GOGH Fernando Castelli, amante del cine, trabaja por las mañanas en un videoclub y por las tardes en una productora. Su vida no vale demasiado comparada con las tramas sublimes, los gestos inolvidables y las frases magistrales de las películas que conserva en su memoria como recuerdos propios. Su admiración por Hitchcock remeda la ausencia del padre y lo distrae de Doña Clara, su madre. El cine suple lo que la realidad le niega.

La aparición de Jack el Destripador cambia su vida, porque alentado por este personaje y tentado por la posibilidad de escribir un guion excepcional (con una excelente recompensa económica) Fernando decide escribir lo que él mismo encarna en la vida real: "Mi imaginación es tan inmensa, tan desmesurada, que no sólo puede crear la ficción, sino también la realidad". Así comienzan a sucederse una serie de crímenes sanguinarios a medida que la escritura del guion avanza: en cada uno de ellos, el sello de su autoría es la OREJA que se lleva de recuerdo de cada una de sus víctimas.

Fue durante esos días cuando se le apareció Jack el Destripador. Fernando Castelli acababa de cumplir treinta años, escribía guiones cinematográficos y nunca le habían filmado uno. Lejos, todavía, estaba de sospechar que para que tal cosa ocurriese —es decir, para que le filmasen uno, al menos uno— debería convertirse en un infalible y brillante asesino serial. Por el contrario, lo que solía asiduamente sospechar era que ya caminaba por el filo de la navaja, que se le acababa el tiempo y, con el tiempo, las justificaciones. ¿Transcurriría el resto de sus días entre el rencor y la tristeza?

En caso de ser así —se decía— su existencia no sería muy diferente a la de sus compatriotas. (He aquí una palabra que Fernando aborrecía usar: compatriotas.) Vivía, al fin y al cabo, en un país de tristes y resentidos. En un país que se acercaba al fin del siglo agitándose entre la jarana superficial, imbécil y obscenamente ostentosa de unos pocos y la tristeza, el resentimiento y la impotencia de los restantes. De aquí que Fernando no quisiera identificarse con unos ni con otros. De aquí que Fernando aborreciera la palabra compatriotas. Porque nada tenía que ver con él. Porque él no quería sumarse al bando de los ostentosos imbéciles ni al de los resignados impotentes. Porque él era él, Fernando Castelli, un solitario. Y un solitario no tiene compatriotas.

También, y no sin cierta frecuencia, solía considerarse algo más que un solitario. Solía considerarse un escritor, condición que, posiblemente, fuera otro de los rostros de la soledad, pero, qué duda podía caber, su mejor rostro, el más fascinante, el único capaz de abrirle brechas al muro asfixiante de la realidad cotidiana para buscar algo más allá. ¿Una utopía?, gustaba preguntarse con una sonrisa íntima, irónicamente.

Le divertía utilizar esta palabra —utopía— tan transitada, tan bastardeada en boca de sociólogos televisivos, periodistas y políticos para hacer referencia a algo tan delicado, tan tenue y errático como su destino. Por eso insistía en plantearse, con esa bastardeada palabra, una pregunta que expresaba sus más dramáticas obsesiones.

PARA LEER

http://www.literatura.org/Feinman/vgogh.html
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Por su parte EL CADAVER IMPOSIBLE es una ficción dentro de otra. Hay una carta que HERIBERTO RYAN escribe a un editor que ha organizado un concurso presentándole el argumento de un cuento aun no escrito. Y así aparece el CADAVER IMPOSIBLE que con el paso de las páginas se va convirtiendo en una NOVELA o en un POSIBLE GUION de una película. Y es la historia de ANA a quien la vida le provoca demasiadas cosas (entre ellas una muerte y un incendio iniciales), la vida en un REFORMATORIO ubicado en una población de la provincia de Buenos Aires (que tiene reminiscencia de la población de EL MANDATO) y allí, la posibilidad de recuperar a su madre y al mismo tiempo convertirse en la asesina serial que pretende reconstruir con diversas partes de sus victima una muñeca con la forma de su madre.

No soy el protagonista de esta historia, pero soy su más privilegiado testigo. Y, en cuanto tal, seré su narrador. El narrador de esta historia, nada menos. Se preguntará usted, entonces, ¿qué historia es ésta? Se lo diré: es la historia de una seducción. Escribo para mentirle, para deslumbrarlo, para seducirlo. He aquí mi programa literario: quiero estar en su prestigiosa antología y no ahorraré una sola gota de sangre para lograrlo. Comienzo, por consiguiente, el vertiginoso relato de los crímenes que cautivarán su conciencia. Ella se llamará Ana. Un nombre, lo sé, breve. Pero necesariamente breve, señor Editor.

PARA LEER =

http://es.scribd.com/doc/54633291/Feinmann-Jose-Pablo-El-cadaver-imposible